viernes, 7 de marzo de 2008

Arte contemporáneo, según Maite

A propósito de la reflexión de Jean Clair sobre el arte contemporáneo

A mí también me parece interesante, por lo políticamente incorrecta; me lleva sin remisión al pesimismo de Schopenhauer, al nihilismo de Nietzsche y eso siempre es una vía de reflexión potente. Además comparto su denuncia, pero con matices. El pensamiento nihilista se hizo cargo, por primera vez, del "lado oscuro" del hombre, de su naturaleza dionisíaca, brutal, orgiástica, instintiva. El coro de las bacantes llegaba -y llevaba- al paroxismo en las ceremonias báquicas. Se daba rienda suelta a lo primigenio y la borrachera de Dionysos no era sino la metáfora del mundo "sub", de lo que está por debajo y apenas se deja aflorar.
Apolo, por el contrario, era la expresión de la mesura, el control que lo racional ejercía sobre lo visceral. Era la moderación y la belleza de las esculturas griegas, la famosa "noble serenidad y serena grandeza"; pero el arte occidental privilegió lo apolíneo frente a lo dionisíaco, dejando fuera lo diferente, lo marginal lo otro. Son estos filósofos quienes revalidan la otredad abriendo el paso a la modernidad, que no es, en arte, sino el reconocimientos de otros modos de representación distintos a los que nacieron en el Quattrocento italiano y cuajaron en el Renacimiento. De ahí nació la crítica postestructuralista de Derrida, o de Roland Barthes o de Michel Foucault.
No creo que el arte contemporáneo aspira a ser divertido, sí, tal vez, irónico, si la ironía o el sarcasmo sirven como crítica radical delos discursos dominantes. Es la función de un arte de resistencia, representado por el pensamiento y la acción de, por ej. Rosalind Krauss, Douglas Crimp, Edward Said... incluso del neomarxista -o post, para algunos- T. J. Clark, Baxandall o Svetlana Alpers, que han generado y siguen discursos diferentes sobre el arte. No se puede uno dejar a rás a Susan Sontag porque es una de las imperdibles (estudios sobre el dolor, la fotografía, Goya...)

No creo en la honestidad, ni mucho menos, de todo el arte actual; pero los montajes sanguinolentos, lo inmundo y lo excremental son un lenguaje revulsivo para "la granja de animales" a la que se refiere Clair; un lenguaje diferente (que nace con Duchamp) que, de entrada, merece un respeto: no son el sinsentido de la imagen, sino el poder deconstructor de la imagen para sugerir, tal vez, nuevas reflexiones acerca del mundo que habitamos, eso, o el vómito (La náusea de Sartre ¿te acuerdas?). Lo siento, defiendo la mierda en algunos casos.
Tampoco es función del arte "emocionar": toda una generación de artistas conceptuales pretendieron hacer pensar: sobre las relaciones del hombre con el espacio urbano, por, ej.; o del hombre con el hombre / mujer etc. La crítica de la posmodernidad recoge una finalidad del arte: la reflexión del arte sobre el arte.

Tiene razón Clair, vegetamos al compás del marcado, como animales en una granja bien surtida: occidente. Pero aún hay aristas de la resistencia.

Maite

No hay comentarios: