viernes, 25 de abril de 2008

Argentina: de lo que no se habla...

... cuando se habla del campo argentino.

Por Mocase-Vía Campesina *

En Argentina viven 280 mil familias numerosas de 22 pueblos indígenas, y 220 mil familias campesinas, con al menos 1,5 millón de personas. No producen soja ni suscriben a los agronegocios, siembran alimentos y crían animales para autoconsumo y tienen una relación especial con la tierra, no la consideran un medio para negocios, se entienden como parte de ella, de su cultura, su historia y un bien común de las próximas generaciones. Estos dos actores centrales, pueblos originarios y campesinado, fueron sistemáticamente excluidos del debate del último mes, donde las cuatro entidades más tradicionales y conservadores del campo argentino realizaron un paro patronal inédito en el país.

Sociedad Rural (SRA), Confederaciones Rurales (CRA), Confederación Intercooperativa Agropecuaria (Coninagro) y Federación Agraria (FAA) se movilizaron y desabastecieron de alimentos las grandes ciudades por un principal objetivo: el aumento de su rentabilidad, bendecidos por el precio internacional de la soja. Los chacareros, sean grandes o pequeños, en ningún momento corrieron peligro de pérdidas económicas, pero sí (luego de una medida impositiva del Estado) estuvieron a punto de ganar menos dinero del esperado.

Durante semanas, manifestaciones y cruces verbales de variados tonos, las entidades tradicionales y el Gobierno silenciaron los siguientes temas:

- Negocios. En el mercado de agronegocios mundial, Argentina es visto como un alumno modelo. En 1997, en Argentina se cosecharon once millones de toneladas de soja transgénica y se utilizaron seis millones de hectáreas. Diez años después, en 2007, la cosecha llegó a los 47 millones de toneladas, abarcando 16,6 millones de hectáreas. Es el tercer exportador mundial de grano de soja (luego de Estados Unidos y Brasil) y el primero de aceite. Las exportaciones de soja y sus derivados, en 2007, fueron por 11.000 millones de dólares. Argentina ya no produce alimentos y en el país no se come soja. La demanda proviene de Europa y China, donde es utilizada para alimentación animal.

- Desalojos. El modelo de agronegocios basado en la soja transgénica desalojó, en los últimos diez años, 300 mil familias de campesinos e indígenas, que tuvieron como destino barrios empobrecidos de las grandes ciudades.

- Desmontes. En sólo cuatro años, y por el avance de las plantaciones de soja, dejaron de existir 1.108.669 hectáreas de bosques nativos, 277 mil hectáreas por año, que equivalen a 760 por día, 32 hectáreas por hora.

- Concentración. El modelo agropecuario actual, basado en la exportación y la producción intensiva, produce mayor concentración. El último censo agropecuario confirma: el diez por ciento de las denominadas "explotaciones agropecuarias" más grandes concentra el 78 por ciento de las tierras, mientras que el 60 por ciento de las fincas más pequeñas se reparte apenas el cinco por ciento de la superficie cultivable del país.

- Desempleo. Mil hectáreas de soja pueden ser manejadas por sólo cuatro personas. Un tambo con esa superficie requiere, de mínimo, veinte trabajadores. Si esa porción de tierra estuviera en manos de familias campesinas indígenas, implicaría trabajo para 350 personas.

- Salud. Los campos argentinos fueron rociados el último año con 165 millones de litros de glifosato, un agrotóxico denunciado por causar malformaciones a recién nacidos, abortos espontáneos, cáncer y muerte. Las acusaciones apuntan a la mayor semillera del mundo: Monsanto.

- Empresas. Las compañías con mayor rentabilidad del negocio sojero (exportadoras y proveedoras de insumos) son Monsanto, Dupont, Syngenta, Bayer, Nidera, Cargill, Bunge, Dreyfus, Dow y Basf, entre otras. Ninguna de ellas fue cuestionada en el reciente conflicto.

- Explotación. 1,3 millón de personas trabajan en el campo. El sueldo generalizado es de 1250 pesos al mes. Es considerado, por el propio Estado, el trabajador peor remunerado, el que padece las peores condiciones de trabajo y el más explotado. Aún se les paga con comida y viviendas precarias, en condiciones cercanas a la esclavitud. Además, el 75 por ciento de ellos está "en negro", sin contrato de trabajo, cobertura de salud, aportes jubilatorios ni seguro por accidentes.

- Diferencias. Durante el paro patronal, se utilizó como punta de lanza la situación de un "pequeño productor" con 100 hectáreas. En términos puramente económicos: cada hectárea se alquila a 200 pesos por mes, 20 mil pesos cada treinta días, 240 mil pesos al año sólo por alquilar su tierra. Si este propietario es "pequeño productor", ¿cómo debiera llamarse a una familia campesina o indígena con veinte hectáreas, cien chivas y huerta para autoconsumo?

- Futuro. La industria de los agronegocios tiene dos próximas metas en Argentina: introducir a su negocio diez millones de hectáreas (en detrimento de productores familiares) y los agrocombustibles (la creación de combustible a partir de soja), negocio con el que pretenden avanzar sobre otros cuatro millones de hectáreas de campesinos e indígenas.

- Otro modelo. El Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI), integrado por 15.000 familias de siete provincias, no fue incluido en las discusiones. El MNCI, con similitudes al Movimiento Sin Tierra de Brasil y los zapatistas mexicanos, fomenta la organización de los más pobres y marginados del campo argentino, la base de la pirámide rural. Dos de sus propuestas centrales son la reforma agraria integral y la soberanía alimentaria, lo que implica un cambio de modelo agrario. Cuestión de fondo que las cuatro entidades tradicionales, y el Gobierno, prefieren no hablar.

* Movimiento Campesino de Santiago del Estero-Vía Campesina. Conformado por 9000 familias del monte, que viven de lo que producen y rechazan el modelo sojero.

miércoles, 23 de abril de 2008

Eduardo Galeano: el consumo

Date: Tue, 8 Apr 2008 22:39:32 +0200
Eduardo Galeano - 2008-03-25

http://www.cubadebate.cu/database/noticia/2008-03-25/11136/4005.jpg

El derecho al derroche, privilegio de pocos, dice ser la libertad de todos. Esta civilización no deja dormir a las flores, ni a las gallinas, ni a la gente.
En los invernaderos, las flores están sometidas a luz continua, para que crezcan más rápido. En las fábricas de huevos, las gallinas también tienen prohibida la noche. Y la gente está condenada al insomnio, por la ansiedad de comprar y la angustia de pagar.
La explosión del consumo en el mundo actual mete más ruido que todas las guerras y arma más alboroto que todos los carnavales. Como dice un viejo proverbio turco, quien bebe a cuenta, se emborracha el doble.
La parranda aturde y nubla la mirada; esta gran borrachera universal parece no tener límites en el tiempo ni en el espacio. Pero la cultura de consumo suena mucho, como el tambor, porque está vacía; y a la hora de la verdad, cuando el estrépito cesa y se acaba la fiesta, el borracho despierta, solo, acompañado por su sombra y por los platos rotos que debe pagar.
La expansión de la demanda choca con las fronteras que le impone el mismo sistema que la genera. El sistema necesita mercados cada vez más abiertos y más amplios, como los pulmones necesitan el aire, y a la vez necesita que anden por los suelos, como andan, los precios de las materias primas y de la fuerza trabajo.
El sistema habla en nombre de todos, a todos dirige sus imperiosas órdenes de consumo, entre todos difunde la fiebre compradora; pero ni modo: para casi todos esta aventura comienza y termina en la pantalla del televisor. La mayoría, que se endeuda para tener cosas, termina teniendo nada más que deudas para pagar deudas que generan nuevas deudas, y acaba consumiendo fantasías que a veces materializa delinquiendo. Este modo de vida no es muy bueno para la gente, pero es muy bueno para la industria farmacéutica.
EEUU consume la mitad de los sedantes, ansiolíticos y demás drogas químicas que se venden legalmente en el mundo, y más de la mitad de las drogas prohibidas que se venden ilegalmente, lo que no es moco de pavo si se tiene en cuenta que EEUU apenas suma el cinco por ciento de la población mundial.
«Gente infeliz, la que vive comparándose», lamenta una mujer en el barrio del Buceo, en Montevideo. El dolor de ya no ser, que otrora cantara el tango, ha dejado paso a la vergüenza de no tener. Un hombre pobre es un pobre hombre. «Cuando no tenés nada, pensás que no valés nada», dice un muchacho en el barrio Villa Fiorito, de Buenos Aires. Y otro comprueba, en la ciudad dominicana de San Francisco de Macorís: «Mis hermanos trabajan para las marcas. Viven comprando etiquetas, y viven sudando la gota gorda para pagar las cuotas». Invisible violencia del mercado: la diversidad es enemiga de la rentabilidad, y la uniformidad manda. La producción en serie, en escala gigantesca, impone en todas partes sus obligatorias pautas de consumo.
Esta dictadura de la uniformización obligatoria es más devastadora que cualquier dictadura del partido único: impone, en el mundo entero, un modo de vida que reproduce a los seres humanos como fotocopias del consumidor ejemplar.
El consumidor ejemplar es el hombre quieto. Esta civilización, que confunde la cantidad con la calidad, confunde la gordura con la buena alimentación. Según la revista científica The Lancet, en la última década la «obesidad severa» ha crecido casi un 30 % entre la población joven de los países más desarrollados. Entre los niños norteamericanos, la obesidad aumentó en un 40% en los últimos dieciséis años, según la investigación reciente del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Colorado. El país que inventó las comidas y bebidas light, los diet food y los alimentos fat free, tiene la mayor cantidad de gordos del mundo. El consumidor ejemplar sólo se baja del automóvil para trabajar y para mirar televisión. Sentado ante la pantalla chica, pasa cuatro horas diarias devorando comida de plástico.
Triunfa la basura disfrazada de comida: Esta industria está conquistando los paladares del mundo y está haciendo trizas las tradiciones de la cocina local. Las costumbres del buen comer, que vienen de lejos, tienen, en algunos países, miles de años de refinamiento y diversidad, y son un patrimonio colectivo que de alguna manera está en los fogones de todos y no sólo en la mesa de los ricos. Esas tradiciones, esas señas de identidad cultural, esas fiestas de la vida, están siendo apabulladas, de manera fulminante, por la imposición del saber químico y único: la globalización de la hamburguesa, la dictadura de la fast food. La plastificación de la comida en escala mundial, obra de McDonald's, Burger King y otras fábricas, viola exitosamente el derecho a la autodeterminación de la cocina: sagrado derecho, porque en la boca tiene el alma una de sus puertas.
El campeonato mundial de fútbol del 98 nos confirmó, entre otras cosas, que la tarjeta MasterCard tonifica los músculos, que la Coca-Cola brinda eterna juventud y que el menú de McDonald's no puede faltar en la barriga de un buen atleta. El inmenso ejército de McDonald's dispara hamburguesas a las bocas de los niños y de los adultos en el planeta entero. El doble arco de esa M sirvió de estandarte, durante la reciente conquista de los países del Este de Europa. Las colas ante el McDonald's de Moscú, inaugurado en 1990 con bombos y platillos, simbolizaron la victoria de Occidente con tanta elocuencia como el desmoronamiento del Muro de Berlín.
Un signo de los tiempos: esta empresa, que encarna las virtudes del mundo libre, niega a sus empleados la libertad de afiliarse a ningún sindicato. McDonald's viola, así, un derecho legalmente consagrado en los muchos países donde opera. En 1997, algunos trabajadores, miembros de eso que la empresa llama la Macfamilia, intentaron sindicalizarse en un restorán de Montreal en Canadá: el restorán cerró. Pero en el 98, otros empleados de McDonald's, en una pequeña ciudad cercana a Vancouver, lograron esa conquista, digna de la Guía Guinness.
Las masas consumidoras reciben órdenes en un idioma universal: la publicidad ha logrado lo que el esperanto quiso y no pudo. Cualquiera entiende, en cualquier lugar, los mensajes que el televisor transmite. En el último cuarto de siglo, los gastos de publicidad se han duplicado en el mundo. Gracias a ellos, los niños pobres toman cada vez más Coca-Cola y cada vez menos leche, y el tiempo de ocio se va haciendo tiempo de consumo obligatorio. Tiempo libre, tiempo prisionero: las casas muy pobres no tienen cama, pero tienen televisor, y el televisor tiene la palabra... Comprado a plazos, ese animalito prueba la vocación democrática del progreso: a nadie escucha, pero habla para todos. Pobres y ricos conocen, así, las virtudes de los automóviles último modelo, y pobres y ricos se enteran de las ventajosas tasas de interés que tal o cual banco ofrece.
Los expertos saben convertir a las mercancías en mágicos conjuntos contra la soledad. Las cosas tienen atributos humanos: acarician, acompañan, comprenden, ayudan, el perfume te besa y el auto es el amigo que nunca falla.
La cultura del consumo ha hecho de la soledad el más lucrativo de los mercados. Los agujeros del pecho se llenan atiborrándolos de cosas, o soñando con hacerlo. Y las cosas no solamente pueden abrazar: ellas también pueden ser símbolos de ascenso social, salvoconductos para atravesar las aduanas de la sociedad de clases, llaves que abren las puertas prohibidas. Cuanto más exclusivas, mejor: las cosas
te eligen y te salvan del anonimato multitudinario. La publicidad no informa sobre el producto que vende, o rara vez lo hace. Eso es lo de menos. Su función primordial consiste en compensar frustraciones y alimentar fantasías: ¿En quién quiere usted convertirse comprando esta loción de afeitar?
El criminólogo Anthony Platt ha observado que los delitos de la calle no son solamente fruto de la pobreza extrema. También son fruto de la ética individualista. La obsesión social del éxito, dice Platt, incide decisivamente sobre la apropiación ilegal de las cosas. Yo siempre he escuchado decir que el dinero no produce la felicidad; pero cualquier televidente pobre tiene motivos de sobra para creer que el dinero produce algo tan parecido, que la diferencia es asunto de especialistas.
Según el historiador Eric Hobsbawm, el siglo XX puso fin a siete mil años de vida humana centrada en la agricultura desde que aparecieron los primeros cultivos, a fines del paleolítico. La población mundial se urbaniza, los campesinos se hacen ciudadanos. En América Latina tenemos campos sin nadie y enormes hormigueros urbanos: las mayores ciudades del mundo, y las más injustas. Expulsados por la agricultura moderna de exportación, y por la erosión de sus tierras, los campesinos invaden los suburbios. Ellos creen que Dios está en todas partes, pero por experiencia saben que atiende en las grandes urbes. Las ciudades prometen trabajo, prosperidad, un porvenir para los hijos. En los campos, los esperadores miran pasar la vida, y mueren bostezando; en las ciudades, la vida ocurre, y llama. Hacinados en tugurios, lo primero que descubren los recién llegados es que el trabajo falta y los brazos sobran, que nada es gratis y que los más caros artículos de lujo son el aire y el silencio.
Mientras nacía el siglo XIV, fray Giordano da Rivalto pronunció en Florencia un elogio de las ciudades. Dijo que las ciudades crecían «porque la gente tiene el gusto de juntarse». Juntarse, encontrarse. Ahora, ¿quién se encuentra con quién? ¿Se encuentra la esperanza con la realidad? El deseo, ¿se encuentra con el mundo? Y la gente, ¿se encuentra con la gente? Si las relaciones humanas han sido reducidas a relaciones entre cosas, ¿cuánta gente se encuentra con las cosas?
El mundo entero tiende a convertirse en una gran pantalla de televisión, donde las cosas se miran pero no se tocan. Las mercancías en oferta invaden y privatizan los espacios públicos. Las estaciones de autobuses y de trenes, que hasta hace poco eran espacios de encuentro entre personas, se están convirtiendo ahora en espacios de exhibición comercial.
El shopping center, o shopping mall, vidriera de todas las vidrieras, impone su presencia avasallante. Las multitudes acuden, en peregrinación, a este templo mayor de las misas del consumo. La mayoría de los devotos contempla, en éxtasis, las cosas que sus bolsillos no pueden pagar, mientras la minoría compradora se somete al bombardeo de la oferta incesante y extenuante. El gentío, que sube y baja por las escaleras mecánicas, viaja por el mundo: los maniquíes visten como en Milán o París y las máquinas suenan como en Chicago, y para ver y oír no es preciso pagar pasaje. Los turistas venidos de los pueblos del interior, o de las ciudades que aún no han merecido estas bendiciones de la felicidad moderna, posan para la foto, al pie de las marcas internacionales más famosas, como antes posaban al pie de la estatua del prócer en la plaza. Beatriz Solano ha observado que los habitantes de los barrios suburbanos acuden al center, al shopping center, como antes acudían al centro. El tradicional paseo del fin de semana al centro de la ciudad, tiende a ser sustituido por la excursión a estos centros urbanos. Lavados y planchados y peinados, vestidos con sus mejores galas, los visitantes vienen a una fiesta donde no son convidados, pero pueden ser mirones. Familias enteras emprenden el viaje en la cápsula espacial que recorre el universo del consumo, donde la estética del mercado ha diseñado un paisaje alucinante de modelos, marcas y etiquetas.
La cultura del consumo, cultura de lo efímero, condena todo al desuso mediático. Todo cambia al ritmo vertiginoso de la moda, puesta al servicio de la necesidad de vender. Las cosas envejecen en un parpadeo, para ser reemplazadas por otras cosas de vida fugaz. Hoy que lo único que permanece es la inseguridad, las mercancías, fabricadas para no durar, resultan tan volátiles como el capital que las financia y el trabajo que las genera. El dinero vuela a la velocidad de la luz: ayer estaba allá, hoy está aquí, mañana quién sabe, y todo trabajador es un desempleado en potencia. Paradójicamente, los shoppings centers, reinos de la fugacidad, ofrecen la más exitosa ilusión de seguridad. Ellos resisten fuera del tiempo, sin edad y sin raíz, sin noche y sin día y sin memoria, y existen fuera del espacio, más allá de las turbulencias de la peligrosa realidad del mundo.
Los dueños del mundo usan al mundo como si fuera descartable: una mercancía de vida efímera, que se agota como se agotan, a poco de nacer, las imágenes que dispara la ametralladora de la televisión y las modas y los ídolos que la publicidad lanza, sin tregua, al mercado. Pero, ¿a qué otro mundo vamos a mudarnos? ¿Estamos todos obligados a creernos el cuento de que Dios ha vendido el planeta a unas cuantas empresas, porque estando de mal humor decidió privatizar el universo? La sociedad de consumo es una trampa cazabobos. Los que tienen la manija simulan ignorarlo, pero cualquiera que tenga ojos en la cara puede ver que la gran mayoría de la gente consume poco, poquito y nada necesariamente, para garantizar la existencia de la poca naturaleza que nos queda. La injusticia social no es un error a corregir, ni un defecto a superar: es una necesidad esencial. No hay naturaleza capaz de alimentar a un shopping center del tamaño del planeta.

miércoles, 16 de abril de 2008

El complot y el Estado

Estoy asistiendo a la semana de homenaje al escritor y ensayista Ricardo Piglia, que se realiza en La Casa de América.

De su micro libro "Teoría del Complot" he extraído estos párrafos (en realidad, se trata de una conferencia, que -afortunadamente- fue transcripta).

Como ven, la manipulación y el engaño vienen de lejos.

Nietzsche también se ha ocupado de demostrarlo con suma pertinencia. Para percibirlo, basta sólo leer la Genealogía de la Moral.

¿Será que alguna vez será entendido por todos los que deberíamos? O tan siquiera por la mayoría de los perjudicados? A veces pareciera que el poder de seducción del Estado para hacernos creer que seremos los elegidos por la fortuna, neutraliza la lucidez de quienes tendríamos la obligación -para con nosotros mismos- de no perderla nunca.


El complot y el Estado

"... la noción de complot permite pensar la política del Estado, porque hay una política clandestina, ligada a lo que llamamos inteligencia del Estado, los servicios secretos, las formas de control y de captura, cuyo objeto central es registrar los movimientos de la población y disimular y supervisar el efecto destructivo de los grandes desplazamientos económicos y de los flujos de dinero. A la vez, el Estado anuncia desde su origen el fantasma de un enemigo poderoso e invisible. Siempre hay un complot y el complot es la amenaza frente a la cual se legitima el uso indiscriminado del poder. Estado y complot vienen juntos. Los mecanismos del poder y del contrapoder se anudan."


Platón y el Estado

"La República (de Platón) es un texto básico en lo que podríamos llamar la utopía estatal, el modelo del Estado perfecto. Y, a la vez, es un texto fundador de lo que entendemos como la construcción de la realidad desde el Estado.
Es necesario -escribe Platón- que las mujeres y los hombres mejores tengan relaciones asiduas y que por el contrario estas relaciones sean poco frecuentes entre los individuos inferiores de uno y otro sexo. Para resolver esta cuestión se tendrán que hacer, pues, ingeniosos sorteos de modo que el individuo de clase inferior eche la culpa a la mala suerte en cada aparejamiento, pero no a lo gobernantes.
Como ven, es una concepción conspirativa total: el complot es el mundo social mismo. A través de sorteos se va a decidir cómo se establecen las relaciones sexuales entre los sujetos y la desigualdad estará atribuida a la suerte.
Pero lo extraordinario es que Platón señala que el Estado va a hacer trampa. Primero decide cómo quiere que sean estas relaciones desiguales y luego manipula las reglas, de modo que todos los sujetos atribuyan la desigualdad a la suerte."

martes, 15 de abril de 2008

Argentina: redistribuir supone confrontar

Por Fernando Krakowiak

Pierre Salama es un reconocido economista francés especializado en América latina. El sábado llegó al país, invitado por el Centro Franco Argentino y la Alianza Francesa, para ofrecer una serie de conferencias donde analiza los pasos que debería dar la región para lograr una mejor inserción internacional que ayude a reducir la pobreza y la desigualdad. En diálogo con Página/12 aseguró que la Argentina debe revertir la primarización de su estructura productiva para reducir la vulnerabilidad, reivindicó las retenciones a las exportaciones como el paso previo para impulsar una redistribución del ingreso y dejó en claro que toda redistribución supone una confrontación porque "no hay ruptura tranquila".
–¿Por qué cree que América latina es una de las regiones con mayor desigualdad social del mundo?
–Hace mucho tiempo que existe una fuerte desigualdad social en la región. En Argentina la situación era diferente, pero en los últimos quince años el país se "latinoamericanizó", en el peor sentido del término. Después de la caída de la convertibilidad, muchos pensaron que el fuerte crecimiento de la economía serviría para disminuir la desigualdad. Sin embargo, la situación prácticamente no varió. Esa desigualdad provoca una gran vulnerabilidad frente a la suba del precio internacional de los alimentos, porque el 40 por ciento de la población tiene un nivel de ingreso tan bajo que destina casi la totalidad de su salario a comprar alimentos.
–¿Qué se puede hacer desde el Estado para revertir esa situación?
–El gasto público es muy bajo. En Francia equivale al 48 por ciento del PIB, en Brasil al 37 por ciento y acá no llega al 25 por ciento. En la actualidad, esa situación se puede modificar porque el país tiene una balanza comercial superavitaria y las retenciones a las exportaciones le permiten aumentar sus recursos. El Gobierno está en condiciones de redistribuir una parte de la renta para apoyar a los más pobres y para invertir en infraestructura de salud, educación, energía y transporte. El país se encuentra ahora como en la década del 20 del siglo pasado, con una estructura productiva primarizada y vulnerable.
–Los empresarios afirman que el campo actual no es igual al del pasado porque incorporó tecnología al proceso productivo.
–Es cierto. El campo también genera productos de alta tecnología, pero no hay efectos de cadena y las multinacionales que invierten no transfieren los conocimientos que están detrás de esa tecnología.
–¿Por qué cree que no se desarrolla una cadena agroindustrial capaz de agregar valor?
–Porque hay una gran concentración del poder económico y el interés de las empresas es diferente del interés que tiene el conjunto de la sociedad. Frente a este escenario, el Estado debería intervenir.
El Estado intervino recientemente elevando las retenciones y se encontró con una resistencia muy fuerte de sectores concentrados del campo y también de pequeños y medianos campesinos.
–Lo que pude ver desde afuera es una gran confusión entre los intereses de los pequeños y grandes productores. Esa alianza de clase que se gestó durante el conflicto fue posible por la dependencia que tienen los primeros respecto de los segundos y porque esos pequeños campesinos no recibieron prácticamente nada de parte del Estado durante los últimos años. Me pareció correcta la decisión que tomó el Gobierno al intentar dividir ese frente con propuestas diferenciadas, porque se necesita dar apoyo a los más pequeños, ya que son quienes tienen mayores posibilidades de desarrollar efectos de cadena y generar empleo. Lo que debe hacer Argentina es aprovechar los recursos que genera la especialización productiva actual para generar productos de alta tecnología con efectos de cadena que le permitan abandonar esa especialización primaria.
–El problema es que cada vez que algún gobierno impulsa medidas para redistribuir el ingreso es acusado por los sectores más privilegiados de querer dividir a los argentinos y se le contrapone un discurso de paz social que termina siendo funcional al statu quo.
–Quien está dispuesto a impulsar una redistribución del ingreso inevitablemente va a tener que confrontar y eso va a generar divisiones, pero la confrontación no significa la eliminación del otro, sino poner en discusión ciertas cuestiones para modificar la relación de fuerzas en el interior de una sociedad. Si eso no se hace, la propia situación de exclusión en la que vive una amplia porción de la sociedad es la que va a terminar generando confrontación en las calles. En los últimos años se habló mucho de confrontación y de redistribución del ingreso, pero se hizo muy poco. Si la gente piensa que la situación está mal es necesario pensar en la confrontación para cambiar porque no hay ruptura tranquila.
–¿En qué medida la globalización limita la posibilidad de impulsar una inserción internacional diferente?
–La globalización comercial es positiva. Se necesita abrir las puertas y entrar al comercio internacional, pero se lo debe hacer con una política de inserción clara. Existe la posibilidad de aprovechar la globalización como lo hacen, por ejemplo, los países asiáticos.
–Pero el proceso de industrialización que llevaron adelante algunos países del sudeste asiático requirió de un nivel de proteccionismo que hoy no sería permitido por la Organización Mundial del Comercio.
–Es un límite jurídico, pero el derecho es también una relación de fuerzas. Ahora, por ejemplo, existe una transformación en el funcionamiento de la OMC. El Grupo de los 24 busca forzar un cambio en las reglas de juego. En el caso del algodón, las negociaciones fueron diferentes debido a la presión que ejerció el G24. Podemos pensar en un nuevo funcionamiento de la OMC.

jueves, 10 de abril de 2008

Venezuela: ¡ATENCIÓN! Una medida sin precedentes...

Desde los ´70 para acá, "la fiebre" ha sido la inversa: la privatización de los patrimonios públicos, filosofía presentada por los neoliberales como la panacea ante la supuesta ineficiencia de las empresas públicas.

Dicho sea de paso, curioso que la tal ineficiencia sólo la descubrieran en esta época, siendo que las empresas públicas en América latina suelen tener muchas décadas de existencia.

Además, el reciente lock out patronal en Argentina da una medida de lo que pueden hacer con un país las que otrora fueran empresas públicas y ahora están privatizadas: convertir a los gobiernos y a las poblaciones en rehenes de sus intereses.

Fíjense que es siempre igual. Las multinacionales se benefician de todo lo que es público: materias primas subsidiadas por el Estado, combustibles y energía ídem, mano de obra nacional subpagada, pero a la hora de cobrar..., ¡ah eso sí lo hacen a precios internacionales!...

Que se prepare Chávez, porque lo menos que le van a decir todos los epígonos del neoliberalismo, llámense Aznar, Vargas Llosa, FMI, Banco Mundial..., así como la prensa de nuestro país, sabidamente partidaria de la democracia de los negocios, es ¡COMUNISTA!... ¡DICTADOR!, ¡TOTALITARIO!



VENEZUELA ANUNCIO LA NACIONALIZACION DE SIDOR, DEL GRUPO TECHINT

El que a hierro mata, a hierro muere

La conflictiva relación entre Hugo Chávez y Paolo Rocca, por las conductas monopólicas de la firma siderúrgica, explotó al final por una lucha sindical. En una jugada desesperada, Rocca le ofreció a Chávez otorgar un aumento salarial del 130 por ciento.

Por Raúl Dellatorre

El gobierno venezolano anunció ayer la renacionalización de la Siderúrgica del Orinoco (Sidor), empresa controlada por Techint, luego de un prolongado conflicto sindical, varios choques políticos y un mes de infructuosas negociaciones. El gobierno "tomó la decisión de asumir el control de Sidor en función de proteger y garantizar los derechos y beneficios de los trabajadores, ya que estaban siendo explotados y subpagados por la directivas de Ternium", informó el vicepresidente de la República, Ramón Carrizales. Ternium es la empresa madre del grupo Techint en sus inversiones internacionales. Paolo Rocca, titular del grupo, le dirigió una carta personal al presidente Hugo Chávez pidiéndole "su intervención, para encontrar una solución constructiva para nuestros países y para la empresa" y ofreciendo, por su intermedio, otorgar un aumento salarial del 130 (ciento treinta) por ciento para tentar una salida negociada.
El conflicto, que en esta etapa se tornó sindical, reconoce sus antecedentes en el disgusto del gobierno de Chávez por los precios que la firma vinculada a Techint cobra al mercado interno por la materia prima e insumos que vende. Carrizales fue el encargado de anunciar la decisión del Ejecutivo bolivariano a los dirigentes del Sindicato Unico de Trabajadores de la Industria Siderúrgica y Similares (Sutiss) y a los directivos de la empresa, informando que el ministro de Industrias Básicas y Minería, Rodolfo Sanz, estará a cargo de negociar los términos del traspaso de la empresa.
En Buenos Aires, la acción de Siderar (empresa local del grupo) comenzó la jornada en la Bolsa liderando las bajas, con una caída superior al 4 por ciento en los primeros minutos de operaciones. Un comunicado de Ternium anunciaba, pocos minutos después, que no había "recibido aún ninguna notificación formal" respecto de "la intención del gobierno venezolano de nacionalizar Sidor".
La decisión fue celebrada por los trabajadores de Sidor. José Meléndez, miembro de la conducción de Sutiss, expresó "la alegría y el momento de júbilo que sentimos; ha sido un paso importante e histórico, pues nos estamos quitando 10 años de esclavitud e imposiciones de una transnacional que estaba empobreciendo el aparato productivo".
Sidor es la mayor siderúrgica de Venezuela y de toda la región andina. Está ubicada a la entrada de la ciudad de Puerto Ordaz, sobre el margen derecho del río Orinoco, en un sitio estratégico por la salida al Atlántico que le ofrece esta vía navegable y por la cercanía a los yacimientos petroleros y a las minas de extracción de hierro. Ternium posee el 60 por ciento de las acciones de Sidor, 20 por ciento pertenece al Estado venezolano y el restante 20 por ciento a los trabajadores.
Aunque el gobierno venezolano atribuyó la ruptura al conflicto irresuelto con los empleados de la firma, el enfrentamiento entre Chávez y la firma de los Rocca se remonta a varios años atrás. Sidor nació como empresa estatal, pero fue privatizada en 1997, dos años antes de la llegada de Chávez al gobierno. En el 2003, Techint forma Ternium, a través de la cual adquiere la mexicana Hylsamex y la venezolana Sidor. Siderar, la firma del grupo en Argentina, pasa a formar parte del mismo conglomerado.
Ya desde antes, Sidor constituía un monopolio siderúrgico en Venezuela que contaba con diversas formas de subsidios y beneficios estatales. Le compra el mineral de hierro a la estatal Ferrominera del Orinoco, utiliza energía estatal y, según denunció ayer el vicepresidente Carrizales, "se llevan de aquí el hierro para venderlo a precios internacionales, le dan valor agregado y luego lo venden también al país a altos precios, cuando la producción inicial de esto se hizo aquí con los trabajadores subpagados y la electricidad y materia prima subsidiada".
Varias veces Chávez había amenazado a la empresa con nacionalizarla si no bajaba los precios que le cobra a la industria de la construcción y a las metalúrgicas por las láminas planas de acero, hierro en barra y otros productos férreos semiterminados que les provee. Incluso, una de estas crisis motivó la intervención del presidente argentino Néstor Kirchner para acercar a Rocca y al mandatario venezolano. Pero esta vez no hubo consultas. El vencimiento del contrato colectivo de trabajo hace ya más de un año y el fracaso de las negociaciones resultó el detonante.
En un último intento por reencarrilar las relaciones, Paolo Rocca, cabeza del grupo Techint, le envió una carta personal a Hugo Chávez pidiéndole su intervención. Y ofrece otorgar un aumento salarial del 130 por ciento, "mejorando sustancialmente la última propuesta presentada en el ámbito de la mediación en el Ministerio de Trabajo".
Agrega Rocca, "avanzamos esta propuesta para hacer posible un acuerdo, a pesar de las limitaciones financieras de Sidor, por los importantes aumentos en el costo de la materia prima, y por el compromiso con la industria nacional en mantener los precios de los productos planos y largos por debajo de los precios internacionales".
Recurre, finalmente, a uno de los sentimientos más caros del ideario bolivariano: la integración regional. "Lo hacemos porque sentimos la importancia de sostener un proyecto industrial integrado, en el cual Venezuela, Argentina, Brasil trabajen juntos, para promover el desarrollo de la cadena de valor siderúrgica del Mercosur", afirma Rocca en su última jugada, la carta final que arrojó para tratar de no perder Sidor.

miércoles, 9 de abril de 2008

La crisis financiera internacional: atenti!...

No quisiera ser agorero, pero "el corralito" argentino me trae demasiados malos recuerdos. Y, como dicen en Brasil: quem avisa, amigo é (el que avisa es un amigo).

No olvidemos que a los capitalistas les encanta socializar las pérdidas y privatizar los beneficios. O sea, a la hora de pagar los platos rotos no serán ellos los encargados de hacerlo. Ellos son "los creadores" de las crisis, pero los resultados de sus ingeniosas travesuras financieras se descargan sobre la población.

Baste como ejemplo lo que relata al final del artículo: que para salvar al Bear Stern la Reserva Federal de los EEUU le dio financiación de emergencia.

En buen romance, eso quiere decir que le regaló pasta para que no quebrara. Obviamente ese dinero salió de las arcas del Estado, es decir, de los contribuyentes norteamericanos, que pagan sus impuestos.

Pero la operación, graciosamente, se cerró con la compra del Bear Stern por parte de la banca Morgan.

Seguramente lo compró a precio de banana. Pero eso no se sabe, porque en nuestras democracias primermundistas estas cuestiones son tan transparentes como los argumentos de Bush cuando invadió Iraq.


El FMI calcula en un billón de dólares las pérdidas de los bancos

La institución les pide a los Gobiernos que estén preparados para intervenir las entidades si fuera necesario

EFE - Washington - 08/04/2008

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El Fondo Monetario Internacional (FMI) señaló ayer que la crisis financiera podría intensificarse con nuevos perjuicios para los bancos que poseen valores de EE UU, donde las pérdidas potenciales ascienden a casi 1 billón de dólares, según sus cálculos.
JP Morgan afirma que las perspectivas de financiación de los bancos son "insostenibles"

Informe semestral del FMI
DOCUMENTO (PDF - 259,47Kb) - 08-04-2008
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El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha publicado su informe semestral sobre la estabilidad de los mercados financieros, en el que pinta un panorama poco esperanzador.
El organismo no ha apuntado ninguna señal de luz al final del túnel y, al contrario, cree que el ajuste podría continuar y en unas circunstancias mucho más peligrosas.
"Los mercados financieros permanecen bajo una tensión considerable, agudizada ahora por el empeoramiento del entorno macroeconómico, la capitalización deficiente de las instituciones y un desapalancamiento generalizado", afirma el documento.
En su opinión, el crecimiento económico se ha resentido de las turbulencias financieras, los bancos carecen de efectivo y el crédito se ha evaporado.
Supervisión de las cuentas
Por ello, el FMI ha hecho una llamada a los Gobiernos para que actúen "de inmediato para mitigar los riesgos de un ajuste aún más penoso".
Les ha instado a ejercer una supervisión más intensa de las cuentas de los bancos y a prepararse para intervenirlos, si fuera necesario.
En Estados Unidos, el Fondo estima que la bajada de los precios de la vivienda y el aumento de la morosidad podrían generar unas pérdidas de 565.000 millones de dólares.
Sumados los perjuicios en otros tipos de préstamos, las pérdidas potenciales ascienden a 945.000 millones, según sus cálculos.
Una crisis más allá de las 'subprime'
El informe destaca que la gangrena que surgió en los préstamos de alto riesgo (subprime) se ha extendido ya a hipotecas de calidad, a créditos al consumo y a las empresas. Del mismo modo, se ha contagiado a bancos fuera de Estados Unidos, según el Fondo.
El organismo teme que ocurra una retracción mundial del crédito y, en ese sentido, "los países industriales donde los precios de la vivienda están inflados en relación con los parámetros fundamentales de la economía o donde los balances de las empresas o los hogares soportan más presión, también están expuestos a riesgos".
Una de esas naciones es España, donde el Fondo cree que las casas están sobrevaloradas en entre un 15 y un 20%.
"La actual turbulencia no es una mera circunstancia relacionada con la liquidez -ha alertado el FMI en su informe-, sino más bien un reflejo de fragilidades fundamentales en los balances y de una capitalización deficiente, y eso significa que los efectos van a ser más amplios, profundos y prolongados".
Una actitud menos exigente
El Fondo opina que los bancos grandes "adoptaron una actitud más confiada y menos exigente en materia de sistemas de gestión de riesgo", confiados en "la intervención del banco central para resolver sus problemas", opinó el Fondo.
Eso es lo que ocurrió con el banco de inversión Bear Stearns, al que la Reserva Federal dio en marzo financiación de emergencia para facilitar su adquisición por parte de JP Morgan Chase.
Bear Stearns, el quinto mayor banco de inversión del país, estaba al borde de la bancarrota por sus inversiones en títulos vinculados a hipotecas estadounidenses, donde la morosidad y la suspensión de pagos se han disparado. En opinión del Fondo, puede que no sea la última víctima.

lunes, 7 de abril de 2008

¡Qué pena, Vargas Llosa!...

Lo que olvidó decir Vargas Llosa, en el artículo que publicara en "El País", del domingo 6 de abril de 2008.

Es que las dictaduras las inauguraron y las clausuraron (al menos por ahora) sus tan elogiados y –según él- progresistas y avanzados liberales. En efecto, el General Uriburu, primer dictador argentino, subió al poder en los años 30. No dudó en reprimir toda y cualquier manifestación opositora y mandar a matar, sin el menor escrúpulo, a activistas sindicales y/o políticos. Eso sí, en nombre de la libertad de comercio (de mercado, en la nomenclatura actualizada) y del ideario liberal, que Vargas Llosa tanto defiende.
Y el largo ciclo dictatorial argentino, jalonado por una serie de dictaduras (Aramburu - Lonardi, Onganía, Livingston, Lanusse, todas de filosofía liberal, fue clausurado por el inolvidable Gral. Videla y sus verdugos. Éste ha hecho memoria en la historia de la humanidad por la hazaña de los 30.000 desaparecidos y cientos de miles de exiliados, y por los métodos represivos, puntillosamente liberales, que promovieron. Todo en nombre de la libertad de mercado, del progreso y de la lucha contra la barbarie. A propósito, así como Vargas Llosa y los suyos actualizan la terminología llamando libertad de mercado a lo que denominaron hasta el siglo XIX libertad de comercio, Videla, puso al día el anacronismo barbarie, en que Vargas Llosa aún incurre, y la actualizó, bajo el significativo y paranoico: subversión. Ese término, ha tenido una tercera puesta al día, protagonizada por otro conspicuo propulsor del liberalismo: George W. Bush; él y sus neoliberales neocons, ahora le llaman: terrorismo o, pura y simplemente, el terror.
El trabajo de Videla y los suyos fue realizado, además, con métodos típicamente liberales: picana eléctrica, violaciones, descuartizamientos, "mojarrita" (inmersiones), "vuelos de la muerte", campos de concentración... Es decir, casi todo lo que está utilizando Bush, gran liberal también y muy progresista, en Iraq, como quedó demostrado por las imágenes obtenidas en Abu Ghraib y las que aún no se han podido conseguir de Guantánamo. Todo primorosamente liberal, eufemismo con el que siempre se han travestido los imperios.
Vale mencionar de paso que, en el mismo lapso de tiempo que permaneció en Rosario (Argentina) también lo hizo José María Aznar, otro liberal, a quien Vargas Llosa no dudó en recordar en ese acto como "un gran presidente". Como bien sabemos, este gusano no sólo por su tamaño no merece ser considerado "grande". Tuvo la muy liberal ocurrencia de apoyar la invasión expoliadora a Iraq, y la no menos liberal actitud de pasarse por el forro la voluntad de la mayoría de los españoles, que se movilizaron en contra de la participación de España en esa vergüenza del mundo occidental. Y continuó -y sigue- teniendo la muy liberal actitud de no arrepentirse de ninguna de las dos cosas, ni de la de haber mentido miserablemente después del 11-M, al negar que supiese que los responsables del atentado de Atocha eran los islamistas.
Y lo que tampoco dice Vargas Llosa es que esa Argentina tan liberal, moderna y progresista que él reivindica, reconoce entre sus tan liberales cimientos una gesta eufemísticamente llamada La campaña del desierto, que no fue otra cosa que la archi conocida gesta que llevara adelante otro confeso liberal, el Gral. Julio Argentino Roca. Es por eso que Vargas Llosa hoy no ve a nadie en la Argentina con rasgos de indio, de mulato, de negro. Porque sus admirados correligionarios liberales los mataron a todos.
Tampoco dice Vargas Llosa que debe atribuirse a las ideas liberales de Bartolomé Mitre y de Domingo F. Sarmiento, entre otros, la desaparición de la población masculina de la República del Paraguay. Los liberales de la Argentina, del Brasil y del Uruguay, se unieron para protagonizar la encomiable tarea de destruir al Paraguay en la guerra llamada de la Triple Alianza (1865-1870). Fue contra otro país que, además de ser mucho más avanzado que cualquiera de los tres mencionados (ya en esa época tenía ferrocarriles, línea nacional de telégrafos y astilleros navales, entre otros indicadores de progreso), –curiosamente- tenía un esquema distributivo de los recursos económicos mucho más equitativo e igualitario, más democrático, así como un índice de alfabetismo muy superior a los "aliados", casi no tenía miserables, la propiedad de la tierra no era privada, sino del Estado, que la arrendaba a los campesinos. Y varios etcéteras más que mosquearon a nuestros héroes del progreso liberal y les indujeron a declararle la guerra, no vaya a ser que el ejemplo cunda. Y fue una acción de típico cuño liberal: exterminaron a toda la población masculina paraguaya, la orden de Mitre fue "matar a todo paraguayo que tenga más de 12 años" (hay documentación probatoria). Al día de hoy, Paraguay no se ha recuperado de esa hazaña liberal.
Además, curiosamente, nuestro mestizo intelectual latinoamericano condena a los piqueteros pobres, los "invisibles" que dejó el proceso de socialización de las pérdidas y privatización de los beneficios que aportaron sus colegas liberales, Videla, Menem... Evidentemente, a casi todos nos disgustó la conducta de D´Elía, pertinente en su indignación, pero prepotente, autoritaria e incivilizada en las formas.
Pero Vargas Llosa nada dice de los piqueteros que a él le gustan, los fashion, los de las 4x4. Como bien sabemos, éstos enfrentaron al gobierno y a la inmensa mayoría de los argentinos, en una desvergonzada gesta para intentar aumentar aún más los fabulosos beneficios obtenidos gracias a la política económica de los Kirchner, paradigmas de lo que Vargas Llosa denomina la barbarie y el populismo, y que condena con ahínco. Éstos piqueteros de luxe, impidieron el paso de los camiones con alimentos para la población, obligando a que se pudrieran verduras y carnes por doquier. Eso a Vargas Llosa no le parece violento, ni bárbaro, ni algo que merezca condenarse. Curioso.
¡Ay, Vargas Llosa!..., afortunadamente, tu rostro te delata. Llevas estampado en él ese estigma moral de la minoría blanca y privilegiada que tanto defiendes. ¿Será que cuando escribas tus memorias tendrás la valentía de confesar cuántas veces te has mirado al espejo y odiado a tu abuelo blanco, que quiso mezclar su sangre con la de esa indígena (¿será que no fue una esclava?), a quien le debes esa –bella, por cierto- cara de indio, que tanto te espeja en aquellos a los que visceralmente odias y te aleja de los blancos amos, a quienes tanto admiras y habrías querido parecerte?
¡Qué triste que, llevando en tu cara la viva estampa de los hijos de la tierra, siempre explotados y humillados por tus minoritarios y poderosos blancos liberales, -apenas por esas taras propias de una vida menor-, hayas puesto a su servicio tu talento literario y tu vida! Tan parecido como eres a Túpac Amaru y, sin embargo, tan afín a los deseos de Francisco Pizarro. Tampoco eres el primero en dar la espalda a los tuyos, te precedió la Malinche, que no trepidó en entregar cuerpo y alma a Hernán Cortés. Y con ello selló la suerte del hombre a quien antes amara y la de sus hermanos, cuya rebelión en ciernes fue ahogada en sangre por el conquistador.
Una pena, Vargas Llosa, víctima ciega del erotismo del Poder, cuyo magnetismo pretende y a veces –como en tu caso- consigue obnubilar hasta a quienes tendrían la obligación de combatirlo.

sábado, 5 de abril de 2008

Argentina: lo que estuvo en juego y lo que queda planteado...

... en el ajedrez político, según la siempre instigante perspectiva de Mempo Giardinelli.

Revista DEBATE # 264, sábado 5 de abril de 2008.

La Argentina entrampada

Por Mempo Giardinelli

Polarización y neogolpismo
Nadie sabe qué pasará cuando se cumplan los 30 días de suspensión del paro agropecuario. Pero lo que pasó fue grave y dejó secuelas dolorosas. Y mostró una nueva y peligrosa polarización, de esas que cada tanto despedazan a este país.
Claro que también queda alguna esperanza, aunque la cantidad de mentiras y distorsiones de estas tres semanas obligan a moderar el optimismo.
Cuando aparentemente ha terminado la batalla queda la sensación de que, a 32 años de nuestra más grande tragedia política y social, estuvimos al borde de ser conducidos nuevamente hacia el abismo (se refiere a la dictadura de Videla). La Argentina de hoy —está a la vista— es todavía una nación trastornada, sobrada de resentimiento y en mucho peores condiciones sociales, educativas y culturales que en 1976.
Aunque ya no parecen posibles los golpes de estado, sí quedan embriones de golpismo y ahora, además, hay manipulación mediática de sobra. Lo hemos visto estos días: famosos periodistas manipularon el descontento desde supuestas objetividades periodísticas, cuando son, ya, verdaderos dirigentes opositores.
Pareciera que ni los agraristas en huelga ni el gobierno se dieron cuenta de ello. Los primeros porque los grandes diarios, la tele y la radio eran funcionales a su gesta. El segundo porque siempre se equivoca en esta materia. Desde Alfonsín, los sucesivos ocupantes de la Casa Rosada le entregaron a los multimedios un poder desmesurado. Cuando lo usan en defensa de sus intereses, entonces, no tiene sentido quejarse de "dictaduras mediáticas". ¿Qué esperaba la Señora Presidenta? ¿Qué podía y puede esperar de los grandes diarios, la telebasura y sus opinadores a sueldo devenidos dirigentes de oposición encubiertos?
Es compartible su queja por lo tendencioso de los medios, desde ya, pero es el gobierno quien les da el poder que tienen. Cada tanto se lo renuevan por decreto.

2. Un repertorio de errores
Los actores de este capítulo de la tragedia no dejaron error sin cometer. Por un lado, funcionarios que no midieron el tamaño de la protesta que se venía y dispusieron retenciones (que están bien y son necesarias, como correctamente explicó CFK más de una vez) a todos por igual en un país de desiguales (lo que es injustificable).
Esa absurda "igualdad" deslava la intención redistributiva subrayada por la presidenta. En cuyo gobierno, además, militan impresentables, lamentablemente entreverados con muchos respetables y honestos funcionarios. Y para colmo, los gobiernos K no se caracterizan por corregir errores. Al contrario, y acaso por herencia de la tara menemista, no le exigen renuncias a los torpes, inútiles o poco transparentes. Sobran ejemplos de funcionarios que crisis tras crisis siguen en sus puestos como si nada. Ahí está toda el área de Transportes como prueba.
Por si fuera poco, es el mismo gobierno el que profundiza la concentración económica y favorece las ganancias de los más grandes, al punto de que muchas veces parece proteger más a los ricos que a los pobres.
Cierto que su discurso es nacional y popular, y que tuvo fuertes razones en esta puja, pero no admite que carece de plan agropecuario. Que no hay programa de desarrollo. Que la mejoría de los números no es utilizada con miras al mediano y largo plazos. Por eso insiste con trenes bala mientras la red ferroviaria sigue destruida. Por eso no coparticipa ingresos.
Un proyecto de nación no se hace sin programas sensatos y mesurados. No se hace disputando con sectores a los que finalmente, casi siempre, se les hacen concesiones. Es de temer que las veremos, todavía.
Por eso el mayor absurdo de estas semanas fue ver a miles de pequeños propietarios (dueños de hasta 150-200 hectáreas) fungiendo de piqueteros cerriles en favor de los grandes terratenientes, los pools sojeros, y los que arruinan la tierra con glifosatos y transgénicos, que son el negocio de algunas multinacionales.
Como bien ha apuntado el economista y diputado Claudio Lozano, en el modelo sojero impuesto en la Argentina en los últimos 20 años sólo "936 propietarios controlan 35 millones de hectáreas, a razón de 38.000 cada uno, mientras casi 150.000 propietarios tienen 2.200.000 has., a razón de sólo 16 cada uno". Esta concentración constituye de hecho una "nueva oligarquía" de "no más de 2.000 productores que controlan más del 60% del producido de la soja" y que incluye a pools de siembra que no necesariamente ejercen control sobre la tierra pero manejan capital e insumos y arriendan los campos.
Está claro a quiénes afectan más las retenciones y los funcionarios debieron saberlo. Al menos para que la vocación redistributiva del gobierno sonara más sincera. Flaco favor le hicieron a su jefa y fue una pena, como fue una pena la confusión de los pequeños productores. Y decirlo no es acusación ni agravio. El enojo no debe dirigirse hacia ellos, aunque muchos se hayan convertido a un anticristinismo infantil.
El campesinado, aquí y en todo el mundo y en todas las épocas, fue, es y será conservador. Su concepción ideológica, e incluso su psicología, en lugar de condenada debe ser comprendida.
La gran mayoría de la tierra argentina, como de la renta agraria, sigue en manos de menos de mil personas, familias o empresas. Apenas mil. La inmensa mayoría de los pequeños productores tienen intereses diferentes y no advertirlo, no aplicarles gravámenes diferenciados, fue un enorme error.
Pero no fue el gobierno el único que se equivocó. También todos los dirigentes agrarios y los miles de neocampesinos urbanos que se aglomeraron alrededor del "campo" partiendo de un error semántico. Veamos.

3. El concepto "campo"
Gracias a una asombrosa, artesanal manipulación desde los medios, se dividió al país en "campo" de un lado y "gobierno" del otro. La distorsión (no siempre inocente) que sufrió el vocablo "campo", incentivó la casi unánime condena mediática de la prensa y la tele más reaccionarias e instaló en rutas y centros urbanos, en cacerolazos y supuestas "puebladas", al "campo" como sinónimo casi único de Patria. Como suma de virtudes y esencias de la nacionalidad. Tal como hacían las dictaduras, no casualmente apoyadas siempre por las oligarquías reacias a ceder, ni mínimamente, la renta agraria.
Esa apropiación del vocablo "campo" de manera sectaria, injusta y cretina, fue por lo menos chocante.
La palabra "campo" viene, según el Diccionario de la Real Academia, del latín campus (terreno llano, extenso, fuera de poblado). Tiene múltiples acepciones: tierra laborable; espacio con sembrados, árboles y cultivos; terreno de juego donde se practican deportes; terreno reservado para ciertos ejercicios; ámbito real o imaginario de una actividad o conocimiento. El concepto remite a la Física, la Heráldica, la Óptica, la Informática, la Tecnología, la Lingüística y la Mitología. Por lo menos. Y además se aplica al recinto cercado para reclusos, especialmente presos políticos y prisioneros de guerra (campo de concentración), y por si fuera poco se aplica "al lugar donde hay mucha confusión y en el que nadie se entiende". A veces es muy sabio el DRAE.
Pero aquí se instaló el vocablo resignificado casi solamente como propiedad de la tierra, y dado que en la Argentina hay miles de pequeños productores, en el amontonamiento la palabra devino sinónimo de "estancia", de "empresario ganadero" e incluso de "pool sojero".
No ingenuamente, eso facilitó la polarización entre "campo" y "gobierno". Eso sirvió a los antidemocráticos y a los que siempre pierden elecciones. Que rápidamente dividieron a la sociedad en dos: "contra el campo" o "a favor del gobierno". Cretinismo puro. Multimediático, además.
Por supuesto, esa concepción del vocablo no incluía al campesino no propietario. Quedaron fuera el carpidor y el hachero, el cosechero miserable y los cientos de miles de campesinos que se hacinan hoy en los suburbios de las ciudades, en el conurbano porteño, en las afueras de Córdoba, Tucumán o Resistencia. Ésa no era, en esta huelga, "gente de campo". Ni siquiera fueron "la gente".
Nadie advirtió que esos campesinos —que son millones— no estarían donde están si hubiera habido planes de desarrollo agrario, trabajo digno, subsidios estatales para arraigar a millares de familias. Y si no se hubiera suplantado la mano de obra agraria por la cosechadora sojera.
Para muchos neocaceroleros urbanos de este patético marzo los miles de indigentes, desempleados, sin casa, delincuentes y drogadictos —cuyos abuelos y padres nacieron y se criaron en los surcos y oliendo bosta, hasta que fueron expulsados y condenados a vivir en villas miserias— no son "productos del campo". Para los dirigentes políticos resucitados, como para cierta clase media, tampoco.
La concepción de "campo" se redujo a "propiedad" y ahí se mezclaron, vivos y veloces, los terratenientes. Muchos de ellos, es innegable, sinvergüenzas que no quieren ceder ni una pizca de la renta agraria, ésa que no se toca desde que somos nación y que encima los hace creerse dueños de la república, como en cada golpe de estado al que aplaudieron (y los aplaudieron a todos).
"Campo" es una palabra fundamental para los argentinos. Nada del campo nos es ajeno, y por eso nadie puede estar "a favor" o "en contra" del campo. Convendrá recordarlo la próxima vez.

4. Los olvidados de la tierra
A todo esto, el Movimiento Campesino de Santiago del Estero, como el de Córdoba y de otras provincias, reclamaron "memoria ante las protestas" del "campo argentino" (el encomillado es de ellos). Son decenas de miles de campesinos desheredados. Son comunidades indígenas, grupos familiares organizados en pequeños territorios en los que la tierra es, todavía, "un bien lleno de vida diversa".
No estuvieron en silencio estos 21 días, pero casi nadie los escuchó porque la prensa y "la gente" les dieron la espalda.
Estos campesinos —quizá los más genuinos hijos del campo—condenaron en sus documentos, que se pueden leer en internet, el doble discurso de dirigentes cuyas "prácticas reproducen el modelo de saqueo y contaminación de la tierra". Preguntaron, además: "¿qué hicieron las entidades cuando en la etapa menemista del neoliberalismo más salvaje desaparecían decenas de unidades familiares de producción agraria?" Y también: ¿qué hicieron y qué hacen las entidades agropecuarias "ante los asesinatos, cárceles, persecuciones, torturas y enfrentamiento con paramilitares y topadoras que sufren hoy miles de familias de pueblos originarios campesinos"?
Ese campo profundo, compuesto por millares de argentinos marginados, no pide eliminar retenciones. Reclama tierra, títulos limpios, agua y que no se destruya el medio ambiente. Y reclama que gobierno y productores los vean, los ayuden.

5. Las soluciones, a la mano
Es doloroso que esta cuestión no se resuelva pronto y bien. Sólo hacen falta voluntad política y grandeza para un Plan Agropecuario que contemple medidas como éstas:
1) No aplicar retenciones a los pequeños productores. Y más aún: deben ser subsidiados, protegidos como en todas las naciones del primer mundo. El tambero, el triguero, el algodonero, el verdadero pequeño productor que se queda en su campo, trabaja y crea empleos y hace docencia con sus hijos, merece apoyo como una pyme industrial. Ahí está el futuro de este país, que debería subsidiar determinadas producciones, como hace el mundo desarrollado precisamente para garantizar arraigo y proteger a sus chacareros;
2) Aplicar retenciones diferenciadas a medianos propietarios (¿de hasta 500-600 hectáreas?), con políticas de fomento a productos estratégicos, tanto para la exportación como para el mercado interno;
3) Aplicar las famosas retenciones móviles sólo a las grandes extensiones y a las compañías exportadoras que seguirán ganando mucho dinero (¡lo que está muy bien!) pero compartiendo rentas para el desarrollo de la nación;
4) Debería reconstituirse con urgencia la Junta Nacional de Granos, y la de Carnes; y reorganizar un organismo que centralice y controle las exportaciones en base al interés nacional;
5) En todos los casos las retenciones deben ser coparticipables, y equitativas, para que lleguen a las provincias y no sean los señores del poder central, algunos de dudosa transparencia, quienes las manejen.

6. Una democracia resistente
Hay todavía muchos argentinos que se resisten a admitir el horror impuesto hace tres décadas por la junta militar. De hecho circulan retorcidas teorías de empate histórico en la responsabilidad de aquella violencia. En ese marco, no parece casual que este paro cruzó fechas clave como el 24 de marzo y el 2 de abril.
Vilipendiada y abusada, por ignorancia o cretinismo, nuestra Democracia cada tanto es desafiada por neogolpistas. Ya no necesitan a los militares porque ahora los gobiernos se imponen mediante el voto, pero saben muy bien que aquí se tumban presidentes mediante insurrecciones estimuladas. Ya lo vimos en las sucesivas, penosas caídas de Alfonsín, Menem, De la Rúa y Duhalde. Ninguno terminó con prestigio su período y todos acabaron, de alguna manera, corridos por puebladas, saqueos, cacerolazos, compatriotas muertos.
En estas últimas semanas la protesta pudo derrapar hacia ese camino. Los patéticos cacerolazos de "apoyo al campo" fogoneados por la tele privada mostraron cómo muchos argentinos, y no precisamente los más pobres, reclamaban la renuncia de la presidenta.
Por eso firmé una solicitada junto a varios intelectuales el pasado 24 de marzo. Aunque produjo, al menos en mi ordenador, una andanada de apoyos y condenas apresurados, la firmé porque vi a mi país convertido en lo que fue durante casi un mes: una Argentina entrampada.
En democracia podemos expresarnos y todo se debate: en cada pueblo, cada esquina, cada conversación. Somos, hoy, un pueblo mucho más alerta, más comprometido y capaz de reclamar derechos. Es lo mejor de esta nación que somos. De ahí la leve esperanza que abre esta nota: la democracia resistió y salió fortalecida porque todos los sectores acabaron reconociendo la vigencia de las instituciones. El último discurso del fogoso Alfredo de Angelis fue la mejor prueba: "Nos guste o no nos guste, la Señora Presidenta es producto de la democracia", dijo para serenar a exaltados a los que la sola mención de CFK ponía los pelos de punta. Ojalá primen la cordura, la vocación de paz y el fortalecimiento democrático en el próximo turno. Ésa es la tarea.

viernes, 4 de abril de 2008

Argentina: ni vencedores, ni vencidos

Cómo queda el tablero político argentino después del lock out patronal.

Fortalezas y debilidades del frente empresarial.

El papel y posicionamiento del gobierno antes y durante el conflicto. Y las necesarias modificaciones que debería introducir en su proyecto y en su estilo político.

Variables que analiza este artículo, con pertinencia.


Diario Crítica de la Argentina

Los productores se tomaron un respiro

El juego a la derecha

Terminó el paro del campo. Hay un mes de tregua. ¿Los dirigentes ruralistas salen fortalecidos? ¿Están juntos o sólo amontonado?

Reinaldo Sietecase
03.04.2008

Terminó el paro del campo. Hay un mes de tregua. Los productores se tomaron un respiro. Ahora podrán seguir con la cosecha y volverán los alimentos a llenar las góndolas de los supermercados.¿Los dirigentes ruralistas salen fortalecidos? Protagonizaron una huelga prolongada con apoyo contundente en los pueblos del interior, pero utilizaron un método que muchos de ellos repudiaban cuando era protagonizado por otros sectores: cortes y piquetes. También regalaron imágenes lamentables: comida podrida y leche derramada a la vera de las rutas.¿Están juntos o sólo amontonados? La unidad del campo fue en gran medida mérito del gobierno nacional que no discriminó entre chicos y grandes. Para la conducción económica, es lo mismo un pool sojero que Silvio Corti, que trabaja sobre 18 hectáreas en San Pedro. Unió el agua con el aceite –de soja. La Federación Agraria con la Sociedad Rural. Está claro que las dos entidades tienen orígenes distintos y representan intereses contrapuestos. En algún momento volverán a expresarse estas contradicciones. Bienvenidas.El conflicto también parió nuevos protagonistas: los productores autoconvocados y dirigentes de base. Habrá que ver cómo se ubican. El entrerriano Alfredo De Angeli, por ejemplo, sabe que ahora puede mostrar los dientes y esto es más que una metáfora. Eduardo Buzzi tendrá tiempo para preguntarse por qué Cristina Kirchner reivindica a Francisco Netri, el primer presidente de la FAA, pero a él no quiere verlo ni en fotos.La Presidenta de la Nación también podrá tomarse un respiro. Por lo pronto, no tendrá que dar un discurso cada 48 horas como hizo en la última semana. Ya no hay necesidad de apelar al miedo, ni propiciar antinomias. La amenaza real que sintió desde el Gobierno ante la confrontación abierta con un actor poderoso de la economía la llevó a agitar fantasmas falsos.El sistema democrático no corre riesgos y el camino de la justicia para los asesinos y torturadores no tiene retorno. En ese rumbo el impulso dado por los Kirchner fue fundamental. Pero la bandera de los derechos humanos, que pertenece a todo el pueblo argentino, no puede ser enarbolada para evitar cuestionamientos legítimos.Hasta cuando cada mirada crítica va a ser considerada por el poder como una manera de "hacerle el juego a la derecha". Se pueden apoyar las retenciones e impugnar, a la vez, su forma de aplicación indiscriminada y la falta de coparticipación a las provincias y pueblos que producen la riqueza.No abrir la discusión, no aceptar el debate, eso es hacerle el juego a la derecha. No ir a fondo contra los grandes grupos concentrados de la economía; no hacer una profunda reforma tributaria; no recuperar el control de la energía; no plantear una reforma agraria; pactar con la burocracia sindical y los intendentes mafiosos del conurbano, eso es hacerle el juego a la derecha.Los gobernadores y dirigentes justicialistas que cuestionaron el manejo que tuvo el Gobierno en esta crisis también tendrán su momento de paz. Aguantaron demasiados días entre la espada de los productores y chacareros de su zona y la pared kirchnerista. Algunos se lamen las heridas y esperan su momento. Esperan como sólo se espera en el justicialismo.Algunos medios de comunicación también podrán relajarse. Ahora sólo tendrán "piquetes malos" para cuestionar y medidas de fuerza "normales" en lugar de paros "históricos" para desplegar en sus crónicas. Y los oficialistas podrán sentirse satisfechos porque "a la hora de definirse" entre blanco o negro, con nosotros o contra nosotros, pensarán que hicieron lo correcto. Como si la realidad fuese tan simple.En ambas trincheras periodísticas, estos colegas se consideran actores no testigos. Olvidaron que este oficio consiste en contar lo que pasa de manera honesta, con sus porqué y para qué, sin supeditar la información a intereses personales o empresariales.Luis D'Elía también podrá descansar. Cómo será un fin de semana sin pechazos ni insultos. Lo propio hará Cecilia Pando y otros cavernícolas; deberán guardar sus megáfonos. Esta película fue un drama con pasos de comedia.Ojalá que mientras todos nos tomamos un respiro se abra un tiempo para el pensamiento y la reflexión. Qué se hizo mal, en qué se acertó. Qué fue evitable y qué no. Aunque no faltará quien opine que el pensamiento y la reflexión le hacen el juego a la derecha.

jueves, 3 de abril de 2008

Argentina: los científicos frente al lock out patronal

Los científicos y la crisis

Por Carlos Girotti *

¿Pero acaso podemos negarnos al pueblo y, al mismo tiempo, ser hombres de ciencia?” La pregunta que se formula el Galileo Galilei de Brecht adquiere hoy una resonancia inusitada. ¿Qué nos pasa a las mujeres y hombres que integramos la llamada comunidad científica cuando los poderosos de siempre ponen en jaque a la institucionalidad democrática? ¿Tanto cuesta abandonar la cotidianidad de nuestras tareas para asumirnos, simplemente, como ciudadanos, como mujeres y hombres del pueblo? Conste: no hablo de una respuesta corporativa, ni de la responsabilidad social de los científicos y técnicos respecto del buen uso de saberes y conocimientos en beneficio del interés público. Hablo de la defensa incondicional de la vida democrática y de devolverle al pueblo del que formamos parte un gesto cívico que retribuya la alta consideración con la que nos distingue. Muchos hemos manifestado nuestro beneplácito por la creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología. Más aún, la comunidad científica toda se apresta a conmemorar el cincuentenario de la fundación del Conicet. Desde luego que hay temas y debates pendientes como la injustificable suspensión de su única convención colectiva de trabajo en medio siglo de existencia, el papel que podría adjudicárseles a las ciencias sociales, las prioridades en líneas de investigación y los mecanismos de evaluación y financiación de la actividad sectorial. Pero ni el beneplácito ni las preocupaciones debieran hacernos olvidar que es preciso salir a defender la democracia. Las pretensiones y el chantaje de los grandes empresarios del agro, que se parapetan detrás de los reclamos de los pequeños productores, configuran un ensayo general de crisis que, entre otros objetivos, tiene como destino probar hasta qué punto se sostienen la institucionalidad democrática y el consenso político sobre el que ésta se apoya desde mediados de 2003. Pero ésta es sólo la primera oleada de la crisis, porque la segunda es la disparada de los precios que afectará a las mayorías que apenas son dueñas de su fuerza de trabajo. No hay dudas de que el Gobierno debe revisar su esquema de alianzas y actuar en consecuencia. ¿Pero nosotros qué? ¿Todas las responsabilidades son de los demás? ¿No es hora de usar el pensamiento crítico –tan caro a nuestra actividad– para alinearnos contra la prepotencia y manifestarnos públicamente? ¿Nada debemos decir cuando lo que está en juego es el modelo de país y de distribución justa de las riquezas? ¿Seguiremos siendo prescindentes? Sé que hay honrosas excepciones, algunas de las cuales tuvieron espacio en este mismo diario, y otras que personalmente vi en la movilización de Plaza de Mayo. Pero lo que predomina es el silencio que, en esta coyuntura, no es salud precisamente. Vuelvo a Brecht: “Tal vez, con el tiempo, ustedes lleguen a descubrir todo lo que hay para descubrir, pero este progreso sólo los alejará más y más de la humanidad. Y el abismo entre ella y ustedes, los científicos, puede llegar a ser tan profundo que cuando griten de felicidad ante algún nuevo descubrimiento, el eco les devolverá un alarido de espanto universal”.

* Sociólogo, investigador del Conicet.

Argentina: un balance pertinente...

... de las posiciones en que han quedado el gobierno y los empresarios, a partir del lock out patronal encabezado por los piqueteros de las 4x4.

Fortalezas

Por J. M. Pasquini Durán

La Plaza de Mayo fue ocupada por numerosos grupos organizados y también por personas de ambos sexos y edades variadas que acudieron por su cuenta y riesgo. Intendentes, sindicatos y organizaciones sociales se encargaron de la movilización más orgánica, pero no hubieran colmado la Plaza sin el concurso de los independientes. No es un dato menor, puesto que el Gobierno acaba de cumplir los primeros cien días y ayer mostró que conserva la convocatoria que se puede esperar de quienes ocuparon, cómodos, el primer lugar en el escrutinio del 10 de diciembre. Los veinte días de piquete rural tendrán costos políticos para el Gobierno, pero si los ruralistas persisten también ellos tendrán que dar cuenta por sus actos. "No se puede representar al pueblo y enorgullecerse de desabastecerlo", afirmó con razón la presidenta Cristina, única oradora del mítin. De todos los que se rasgaron las vestiduras por la presencia en la Plaza y en las tribunas oficiales de Luis D'Elía, son muy pocos los que han castigado con la misma saña la suprema violencia, arbitraria y arrogante, de los que impiden el paso de los camiones con alimentos, insumos industriales y mercaderías comerciales. Personajes de fama transitoria, como Alfredo De Angeli en Gualeguaychú y varios otros, aunque lo nieguen, son directos responsables del desabastecimiento y de la estampida inflacionaria en los precios del consumo masivo, cuya principal perjudicada es la clase media urbana, de la que se desprendieron los grupos menores que sonaron las cacerolas por una presunta solidaridad con "el campo", aunque al verlos y escucharlos la memoria evoca añejos prejuicios antiperonistas.
Al Gobierno se le pueden dirigir distintos reproches por la oportunidad y el modo de manejar las retenciones, y por no hacer antes las debidas tareas para lograr consensos y, sobre todo, para contrarrestar la sostenida campaña de la derecha económica y política que usa esos déficit oficiales para reclutar adhesiones con una intención única y última: cambiar la orientación de la política económica gubernamental y desalentar el modelo de desarrollo sin exclusión social. A los dirigentes de las cuatro entidades rurales –incluida la Federación Agraria, que debería elegir mejor sus compañías– los devora la nostalgia por los años '90 y hasta por los tiempos de Martínez de Hoz, hombre "del campo", aunque su entorno haya sido el terrorismo de Estado, arrojando prisioneros vivos desde los aviones al Río de la Plata y robando bebés nacidos en cautiverio. Son los que quieren que vuelva Videla y los que consideran a Cecilia Pando, defensora irrestricta de las violadores de derechos humanos, como "una argentina más de nuestro lado". Los mismos que contribuyeron, con un lockout como el actual, a desangrar al desastroso gobierno de Isabel Perón y a despejar el camino para el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976.

En esta oportunidad, debilitar al Gobierno quieren y también ganarle la pulseada quieren, para que, de ahora en adelante, en lugar de los militares sea "el campo" la última línea de defensa del modo conservador de vida nacional. Es lo que está en juego y todo lo demás son fuegos artificiales, aunque la mano de obra para el piquete crea que de verdad el Gobierno arregló el bolillero para que los más chicos no puedan ganar el Gordo de Navidad, o las izquierdas ausentes de la Plaza piensen que los desabastecedores son el ariete de la transformación revolucionaria en ciernes. ¿Ariete? Ni arete, siquiera. De cualquier modo, todo eso quieren, pero hay que ver si pueden. Ayer la Plaza envió un mensaje a los desabastecedores inflacionarios. Hoy, los piqueteros tendrán que decidir si escuchan el rumor y abren aunque sea un paréntesis por uno o dos meses para ocuparse, de paso, de las cosechas y los animales. Los que se aficionaron a estar en la TV vagarán por los campos como almas en pena y algunos –quién sabe– se convertirán en luces malas o terminarán bailando por un sueño, como hizo alguna notoria piquetera urbana.
Los campesinos son, en verdad, una especie en extinción si los pronósticos de Naciones Unidas aciertan que antes de llegar a la mitad del siglo XXI el 80 por ciento de la población vivirá en las ciudades. El proceso de concentración económica, por otro lado, es otra tendencia mundial y mientras más capitalista sea la economía nacional más concentrada estará. A los gobiernos les queda el recurso tributario para ejercer la tutela del Estado a fin de evitar que los tiburones se devoren a todas las sardinas. Temprano o tarde, será inevitable la reforma impositiva para que los ricos paguen más que los pobres y, en esa batalla que ya comenzó, no hay lugar para neutralidades esterilizadas: o con los ricos o con los pobres y la opción cuenta lo mismo para la gestión de gobierno que para los opositores políticos. Sí, aparte de la Sociedad Rural y sus aliados hay opositores políticos, aunque no se noten demasiado debido a que en estos agitados días sus aportes a la concordia nacional fueron pocos y vanos.

Si a los piqueteros hoy los asalta el sentido común, a lo mejor doña Cristina llega a tiempo a París para almorzar con el marido de Carla Bruni, el presidente de Francia, ya que se perdió la cita en Londres. En su mensaje de la víspera dejó convocado el próximo mítin popular para el 25 de mayo en el mismo lugar y a la misma hora. Hizo bien, porque aún con la tregua abierta, terminó una batalla pero no la guerra. Sería interesante, además, que el diálogo y la tolerancia no sean una exclusividad de cúspides, para que también intendentes y gobernadores ocupen un espacio político que necesitan y, en buena parte, merecen. En los años '70, cuando los Kirchner eran jóvenes militantes, el diálogo no estaba muy de moda, pero se descontaba que hacer política no era actividad de ámbitos recoletos ni propiedad exclusiva de la vida matrimonial. Era (es) una tarea colectiva, de y entre muchos. Fuente de fortaleza para la democracia.

Argentina: no hay vuelta al pasado

... en el reciente lock out patronal, encabezado por los piqueteros de las 4x4.
Excelente análisis sobre el país, con la debida actualización de categorías socio políticas, para concluir -como es debido- que el pasado, pasado es. Y, por lo mismo, irrepetible.

Al mismo tiempo, pone en evidencia que en Argentina, como en el resto del mundo, han ganado espacio las propuestas derechistas, de un mundo para pocos (los que puedan pagarlo).

Y del papel que en esta consolidación reaccionaria le cabe a los medios de la democracia de los negocios.

Para mi gusto, sólo ha dejado en el tintero una cuestión, no menos importante que las tratadas: ¿cómo se hace -desde el gobierno- para profundizar en una propuesta democrática e igualitaria, después de haberse privatizado los principales recursos del país?

Porque hoy en día, "todo" en la Argentina está en manos privadas. No hay que olvidarse de que el país fue elegido por el FMI como "modelo" en el paradigma privatizador. Proeza atribuible al mamarracho de Menem, claro que sobre los 30.000 muertos y desaparecidos que ofreciera Videla, para que ese modelo pudiera imponerse.

Precisamente, gracias a esta total privatización es que fue posible el lock out patronal, en el que los piqueteros de las 4x4 fueron al frente, pero en la retaguardia estaban (y están) Telefónica, Telecom, Aguas "Argentinas", Edesur, Repsol-YPF, Esso, etc., etc. (todas empresas multinacionales).

Entre la repetición y el olvido

Por Ricardo Forster *

Ni la repetición ni el olvido constituyen absolutos de la historia; no se regresa al pasado ni tampoco se pueden eludir sus persistencias, sus marcas y sus huellas. Señalo esto porque en la Argentina de estos días se escucha con insistencia que regresan los fantasmas del ayer, aquellos que en la inflexión del primer peronismo dejaron un surco divisorio en la trama de la sociedad; de la misma manera que se vocifera que no hay futuro si no se cierran los expedientes de ese pasado de conflictos y contradicciones. Ni estamos ante una nueva alborada octubrista, con los cabecitas negras bañándose nuevamente en las aguas redentoras de la fuente de la plaza, ni se ha diluido en la noche de los tiempos la memoria de esos otros acontecimientos que siguieron escribiendo laberíntica y subterráneamente la historia siempre huidiza y complicada de nuestro país. En el medio sucedieron demasiadas cosas como para que ese país que vivió aquella historia del '45 hoy sea una sociedad distinta (entre otras cosas, porque de las antiguas formas de la equidad y del igualitarismo que recorrieron durante décadas la geografía nacional hoy quedan fragmentos empobrecidos, formas de la desigualdad que desde la dictadura videlista en adelante se han ido profundizando en nuestra sociedad). Y, sin embargo, sigue acechando el espectro de una memoria de la equidad que, entre otras cosas, ha tornado siempre difícil someter, de una vez y para siempre, las demandas y los derechos de los sectores populares.

El peronismo, con su cohorte de figuras variopintas, presentables e impresentables, honestas y corruptas, herederas de viejas reivindicaciones y portadoras de fortunas oscuras, de luchadores sociales y de entreguistas, ha conservado, sin embargo, la cuestión de la justicia social, del entrecruzamiento del habitante de los suburbios obreros, de las villas marginales con el exponente de las clases medias urbanas; ha insistido en la visibilidad de los olvidados de la historia y eso más allá de sus manejos paternalistas y clientelistas. Algo de todo esto se manifiesta en la permanente sospecha que muchas veces muta en odio de la parte "blanca" de nuestra sociedad, odio de clase, odio contra las demandas "excesivas" motorizadas por la inclinación populista.
Pero también asistimos a una profunda transformación cultural que, entre otras cosas, ha ido pronunciando la brecha abierta entre los distintos sectores sociales cohibiendo ese ámbito de entrelazamiento que soñó como ideal el primer peronismo. La sospecha, la brutal diferenciación, la quiebra de las solidaridades, el desmembramiento de un tejido social que permitía la movilidad ascendente, los nuevos imaginarios culturales de época que han catapultado a la riqueza como bien indiscutible y deseado por sobre todas las cosas, unido a una naturalización que se ha ido operando en las clases medias respecto del imperio del mercado y de las nuevas formas de la ciudadanía privatizada, han generado, junto con cambios brutales en la esfera de lo económico y de los dispositivos tecnocomunicacionales, la emergencia de otros modos de producción de lo social, transformando, a su vez, el ámbito de lo político, el de las representaciones y el de los giros culturales de la subjetividad contemporánea. Algo de todo esto se manifiesta en el esencial desencuentro que hoy se torna visible entre los mundos populares y las clases medias urbanas y rurales.
El kirchnerismo no supo ver el calibre de estas modificaciones sustanciales de la cultura de época; creyó que alcanzaba con la bonanza económica, con esa salida "del infierno" de la Argentina del 2001, con los regresos al consumo de vastos sectores de la población más una pizca de neodesarrollismo y una retórica redistribucionista que, recién ahora y cuando tocó intereses efectivos, disparó una lógica del conflicto. Una mirada economicista que subestimó la dimensión de las transformaciones operadas en la trama de las representaciones sociales y culturales, que no supo calibrar el papel fundamental de los medios de comunicación (actores claves en la naturalización de esos valores propios del mundo empresarial y vehículo, en gran medida, de lo que hoy es la derecha en nuestro país). Tal vez, y a la luz de lo que ha venido sucediendo, el Gobierno aprenda de sus errores, de sus falsas interpretaciones y de su exceso de confianza, ingredientes no menores a la hora de permitir el crecimiento desmesurado del neogolpismo motorizado desde las protestas salvajes de los dueños de la tierra. La democracia, la que intenta huir de su anquilosamiento, se despliega en el interior del conflicto, se afirma allí donde reaparece lo político genuino expresado en la confrontación de modelos de país muy distintos, aquel que sigue sosteniendo la práctica y la retórica de las leyes sacrosantas del mercado (leyes que, insisto, naturalizan la pobreza, amplifican la desigualdad y destituyen el espacio público democrático como ámbito en el que se dirimen los proyectos enfrentados) y aquel otro (aunque debería escribirlo en plural) que piensa la relación entre instituciones, democracia y equidad como núcleo de una sociedad capaz de mejorar la calidad de vida del conjunto de sus habitantes, en especial de los más postergados.

* Ensayista, doctor en Filosofía, profesor e investigador de la UBA.

martes, 1 de abril de 2008

Argentina: otras "voces del campo".

Éstas no andan en 4x4. Y proponen otro modelo productivo.

24/03/2008 - COMUNICADOS DEL MOCASE VC y EL MCC.

Voces genuinas para el conflicto en el campo Publicamos a continuación dos comunicados de prensa emanados desde el Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI), respecto de la situación en el campo, contextualizando las medidas de fuerza de la Sociedad Rural y la Federación Agraria: en primer lugar el Movimiento Campesino de Santiago del Estero (MOCASE Vía Campesina) y luego el Movimiento Campesino de Córdoba (MCC):

1 - MOCASE VÍA CAMPESINA: Algunas memorias ante las protestas del "campo argentino".

1- Nosotros, miembros de comunidades indígenas, campesinas y campesinos organizados en territorios, hacemos memoria de que la Tierra es un bien aún lleno de vida diversa, donde la humanidad y los pueblos quieren desarrollar los sentidos de la existencia.
2- Las grandes corporaciones de las cadenas agroindustriales vienen imponiendo a los pueblos y países un modelo de producción alimentaria cuyo único objetivo es la rentabilidad y concentración de la riquezas en pocas manos con la complicidad activa de gobiernos, empresarios y, en el caso del "paro del campo", de los miembros de las cuatro entidades agropecuarias de Argentina.
3- El doble discurso de los dirigentes de la FAA, los ha llevado a un callejón sin salida. Sus prácticas reproducen el modelo de saqueo y contaminación tanto de la tierra, los territorios, como así también de su mentirosa pretensión de representar las luchas más genuinas de los movimientos campesinos en Argentina.
4- Este modelo neoliberal, de saqueo y contaminación, reproduce nuevas formas de colonización y genocidio. ¿Qué hicieron estas entidades cuando en la etapa menemista del neoliberalismo más salvaje desaparecían más de 200 unidades familiares de producción agraria?
5- ¿Qué han hecho y hacen esas entidades agropecuarias ante los asesinatos, cárceles, persecuciones, torturas y enfrentamiento con paramilitares y topadoras que sufren hoy miles y miles de familias de pueblos originarios y campesinos?
6- Dicen hacer el paro por el No a las retenciones y No a la desaparición de los pequeños y medianos productores, pero algunos empresarios y productores que han contratado matones para desalojar a pequeños y medianos productores son miembros de esas entidades.
7- Rescatamos algo positivo de este paro de las entidades agropecuarias y sus miembros: se sacaron la careta de luchadores por un modelo de país digno, justo y para todos. Mostraron su verdadero rostro: creen que el país es para unos pocos que obedecen los dictámenes de las grandes corporaciones transnacionales de la alimentación.
8- Estamos en algo de acuerdo: el dinero de todos los impuestos tendría que estar controlado por todos, porque todas y todos pagamos impuestos en la Argentina, no sólo los productores y empresarios del campo. Proponemos mecanismos de participación directa tanto de cómo producir riqueza como de la distribución de la misma.
9- Como un primer paso de acuerdos y consensos proponemos que el extra de las retenciones sirva para que no desaparezcan los pequeños y medianos productores, artesanos, artistas, deportistas, etc. Que esos fondos preparen el proyecto de una Reforma Agraria Integral con Soberanía Alimentaria. Estaticemos las exportaciones, que no queden más en manos de las grandes corporaciones transnacionales.
10- Con Vía Campesina decimos que la respuesta a la crisis global del precio de los alimentos:

La Agricultura Familiar Sostenible puede alimentar el mundo.

Los alimentos no pueden ser objeto de ganancias ilimitadas.

La Biodiversidad es una riqueza de los pueblos.


11. Las organizaciones de campesinos, miembros de Vía Campesina, declaran que todos los acuerdos de libre intercambio, tanti bilaterales como bi-regionales, llámense Tratados de Libre Comercio, Acuerdos de Libre Comercio, o Acuerdos de Partenariado Económico, comparten la misma naturaleza. Estos acuerdos suponen un saqueo de los bienes naturales y sólo benefician a las empresas multinacionales, en detrimento del conjunto de los pueblos del mundo y del medio ambiente.

Secretaría de Comunicación del MOCASE VC2 - COMUNICADO DEL MCC
A propósito del paro agropecuario La negación del campo profundo y la ciudad marginadaLos piquetes del desconcierto hablan de campesinos de 4x4, pequeños productores de 300 hectareas de soja y de un campo que no es campo.Los cortes de ruta diseminados por toda la geografía provincial de la última semana, donde grandes máquinas y algunos hombres intentan poner a consideración pública una supuesta situación de injusticia ante las medidas tomadas desde el gobierno nacional, dan cuenta de la hipocresía profesada a la hora de hablar del campo, de nuestro campo.
Las organizaciones ruralistas (FAA, CRA, CARTEZ, SRA) de Córdoba paran desde una posición de representación del sector rural, hasta con la intención de llegar a un juego maniqueo en la dualidad campo-ciudad.
Ellos hablan de un campo de trabajo, de esfuerzo, de productividad, de alimento, que vendría a sustentar el consumismo urbano centrado en el usufructo de los servicios y del confort.

Ahora bien, en ese análisis, que es precismamente el que ha generado la discusión en los medios de comunicación,
se está negando la verdadera y profunda realidad de la situación actual: la del campo profundo y, si se quiere, de la ciudad marginada.Mientras estas organizaciones reclaman nada menos que el dinero que les pemitiría continuar con la renovación de los modelos de sus camionetas año tras año y seguir sumando propiedades inmobiliarias en la Ciudad, el campo profundo y la ciudad marginada se debaten su supervivencia.
El campo profundoLas organizaciones campesinas del la provincia de Córdoba nucleadas en el Movimiento Campesino, venimos reclamando desde hace ya más de ocho años medidas políticas profundas que impidan de una vez y para siempre la extinción del campo. Y aquí hablar de campo es hablar de vida rural, no de negociados rurales.

Empezando por la problemática de la tenencia de la tierra, que precisamente no se soluciona con medidas económicas, de retenciones o de recurso para la compra o la venta, sino con el reconocimiento ancestral de la tenencia de la tierra en manos de quien la trabaja.

Cuando hablamos de un campesino que comienza su jornada antes que el sol, para mantener su producción de alimentos, que después de injustas intermediaciones termina en el plato del habitante confortable de la ciudad o del sojero, que precisamente no consume milanesas de soja, o incluso del marginado de la ciudad, hablamos de otra economía, de otra vida, que hasta el día hoy sólo se ha dedicado a luchar para sobrevivir.

Nuestra historia como Movimiento ya vivió piquetes y reclamos variados, ya vivió movilizaciones y las seguirá viviendo porque las injusticias a las que estamos sometidos no se solucionan con un paro ni con miles.


La posibilidad de que cada familia parada sobre esta tierra pueda acceder a situaciones de igualdad, en armonía con otras familias y con el ambiente del cual somos un elemento más, nos habla de un largo camino a recorrer, que en su debido momento puede optar por los mismos métodos de quienes hoy reclaman engordar aún más sus bolsillos.
El campo profundo, nuestro campo profundo, no el de los que hoy estan bajo un toldo mientras sus grandes maquinarias atraviesan el asfalto, ha demostrado que a pesar de las nefastas condiciones estructurales de producción y comercialización, tiene capacidad para abastecer a la provincia de los cabritos de fin de año, de los terneros que se engordan en los feed lots propiedad de los piqueteros oligarcas, de la miel orgánica que corrió la soja de la pampa y tantas otras cosas más.
También ha demostrado que, a pesar de poder movilizarse cada tanto, no abandonará la lucha hasta lograr repoblar el campo en pos de una sociedad más justa, repoblar ese campo, que los sojeros convirtieron en desieto con el amparo del sistema económico que rige en nuestro país desde hace tanto tiempo.


El campo profundo reclama tierra. Reclama que esa tierra que es nuestra, sea reconocida por quienes tienen el poder,
precisamente como nuestra, como el La Rinconada,
La Envidia, Cañada Larga y El Medanito, por citar algunos casos.
El campo profundo reclama que no se destruya más nuestro medio ambiente.
Reclama ese medio ambiente donde desarrollamos nuestra vida y que permitirá que nuestros hijos, los hijos de la ciudad y los hijos de los sojeros puedan seguir viviendo.
El campo profundo reclama agua.
Reclama esa agua que es nuestra y no tenemos,
para poder producir, para que esa agua no se transforme en el petróleo del futuro en manos de Roggio y Suez.
La ciudad marginada¿Qué se dice de la ciudad marginada por estos días?

¿Por qué no se dice que los piqueteros fashion son responsables de haber depositado miles de campesinos en los bolsones de pobreza urbana?
¿Por qué no se dice que el sistema judicial actual actúa en sintonía con ellos?

Sin duda, no hay políticas para frenar el éxodo hacia las ciudades.

Y eso no depende de las retenciones.

Que el campo se muera no depende del aumento o la disminución de las retenciones.

Depende de un modelo de provincia y de país.

La FAA no dice por estos días que sus afiliados, con la complicidad del sistema político y jurídico de la provincia, desaloja campesinos en los departamentos del norte, como es el caso de Doña Ramona Bustamante.

Campesinos que indefectiblemente terminará sobreviviendo en la ciudad marginada, a base de bolsones y planes sociales que se pagan con las retenciones.

La ciudad marginada también esta compuesta por miles de trabajadores rurales que, sojización mediante, quedaron desempleados.

¿De qué economía regional habla la Sociedad Rural de Jesús María?

Allí, en esa ciudad, imperio ideológico de la expansión de la frontera agropecuaria en el norte del país, desaparecieron los pequeños productores, y no fue precisamente por obra de las retenciones, sino por obra de su propio plan corporativo de concentración de la tierra.

No olvidemos que esa Sociedad aplaudía con furia el plan económico de Videla y Martinez de Hoz.

En esa misma ciudad hoy, muchas familias están en pie de guerra por ver a sus hijos intoxicarse todas las semanas con los agrotóxicos que los sojeros lanzan sobre sus vecinos,
y hasta sobre sí mismos, en un claro ejemplo de barbarie.

En resumidas cuentas, si la ciudad marginada tuviera que reclamar por la utilización del dinero que hoy hay en el país las rutas se cortarían los 365 días del año y en vez de cosechadoras, en el asfalto habría bicicletas como en el 2001.

El principio de la negaciónEn definitiva las sociedades ruralistas pretenden llevar este juego de reclamos y discursos a un duelo entre el gobierno y ellos, intentando poner al "común de la gente" de su lado, y con esa intención niegan la existencia del verdadero reclamo que debe emerger desde la sociedad.

En ese juego la FAA se atribuye
la representación de los pequeños productores.

Entonces, si un productor de 300 hectareas de soja es pequeño, ¿qué tipo de productor es aquel que tiene 30 cabras o un sembradío colectivo de ajos y cebolla?


Es más, ese mismo eje de análisis nos lleva cometer errores conceptuales que también son el sustento discursivo de este paro.

Los pequeños productores de la FAA no producen alimentos en beneficio del pueblo, producen forrajes para la especulación en el mercado externo.


Nuestro campo negado en este paro no piensa en el comercio exterior, por eso está lejos de discutir retenciones.

Si la patriada ruralista fuera tal no tendría problemas con las retenciones porque produciría para nuestro mercado interno;

mercado interno que hoy se caracteriza por las góndolas vacías y los tomates a 10 pesos el kilo.
De igual manera, ¿cómo se entiende que la FAA que se atribuye la representación del pequeño productor y se sitúa en el rol de la víctima más víctima de este cruel gobierno,
genera alianzas largamente sostenidas en el tiempo con la oligarquía terratiente de la Sociedad Rural?

A ver, despacio ... alguién que se insinúa rebelde y contestario, que hasta nos habla de reforma agraria, se sienta hoy a planificar piquetes con la oligarquía golpista...
Al margen de este y de todos los paros y acciones que realice la alianza sojera, que por una lado despotrica contra el gobierno y por el otro le pide planes, programas y cargos,
es necesario que se replantee una discusión más profunda sobre el campo y las ciudades.

Y justamente, que en esa discusión lo negado y lo marginado, también sean de la partida.

Norte y Noroeste de Córdoba, 20 de marzo de 2008. Movimiento Campesino de Córdoba