lunes, 7 de abril de 2008

¡Qué pena, Vargas Llosa!...

Lo que olvidó decir Vargas Llosa, en el artículo que publicara en "El País", del domingo 6 de abril de 2008.

Es que las dictaduras las inauguraron y las clausuraron (al menos por ahora) sus tan elogiados y –según él- progresistas y avanzados liberales. En efecto, el General Uriburu, primer dictador argentino, subió al poder en los años 30. No dudó en reprimir toda y cualquier manifestación opositora y mandar a matar, sin el menor escrúpulo, a activistas sindicales y/o políticos. Eso sí, en nombre de la libertad de comercio (de mercado, en la nomenclatura actualizada) y del ideario liberal, que Vargas Llosa tanto defiende.
Y el largo ciclo dictatorial argentino, jalonado por una serie de dictaduras (Aramburu - Lonardi, Onganía, Livingston, Lanusse, todas de filosofía liberal, fue clausurado por el inolvidable Gral. Videla y sus verdugos. Éste ha hecho memoria en la historia de la humanidad por la hazaña de los 30.000 desaparecidos y cientos de miles de exiliados, y por los métodos represivos, puntillosamente liberales, que promovieron. Todo en nombre de la libertad de mercado, del progreso y de la lucha contra la barbarie. A propósito, así como Vargas Llosa y los suyos actualizan la terminología llamando libertad de mercado a lo que denominaron hasta el siglo XIX libertad de comercio, Videla, puso al día el anacronismo barbarie, en que Vargas Llosa aún incurre, y la actualizó, bajo el significativo y paranoico: subversión. Ese término, ha tenido una tercera puesta al día, protagonizada por otro conspicuo propulsor del liberalismo: George W. Bush; él y sus neoliberales neocons, ahora le llaman: terrorismo o, pura y simplemente, el terror.
El trabajo de Videla y los suyos fue realizado, además, con métodos típicamente liberales: picana eléctrica, violaciones, descuartizamientos, "mojarrita" (inmersiones), "vuelos de la muerte", campos de concentración... Es decir, casi todo lo que está utilizando Bush, gran liberal también y muy progresista, en Iraq, como quedó demostrado por las imágenes obtenidas en Abu Ghraib y las que aún no se han podido conseguir de Guantánamo. Todo primorosamente liberal, eufemismo con el que siempre se han travestido los imperios.
Vale mencionar de paso que, en el mismo lapso de tiempo que permaneció en Rosario (Argentina) también lo hizo José María Aznar, otro liberal, a quien Vargas Llosa no dudó en recordar en ese acto como "un gran presidente". Como bien sabemos, este gusano no sólo por su tamaño no merece ser considerado "grande". Tuvo la muy liberal ocurrencia de apoyar la invasión expoliadora a Iraq, y la no menos liberal actitud de pasarse por el forro la voluntad de la mayoría de los españoles, que se movilizaron en contra de la participación de España en esa vergüenza del mundo occidental. Y continuó -y sigue- teniendo la muy liberal actitud de no arrepentirse de ninguna de las dos cosas, ni de la de haber mentido miserablemente después del 11-M, al negar que supiese que los responsables del atentado de Atocha eran los islamistas.
Y lo que tampoco dice Vargas Llosa es que esa Argentina tan liberal, moderna y progresista que él reivindica, reconoce entre sus tan liberales cimientos una gesta eufemísticamente llamada La campaña del desierto, que no fue otra cosa que la archi conocida gesta que llevara adelante otro confeso liberal, el Gral. Julio Argentino Roca. Es por eso que Vargas Llosa hoy no ve a nadie en la Argentina con rasgos de indio, de mulato, de negro. Porque sus admirados correligionarios liberales los mataron a todos.
Tampoco dice Vargas Llosa que debe atribuirse a las ideas liberales de Bartolomé Mitre y de Domingo F. Sarmiento, entre otros, la desaparición de la población masculina de la República del Paraguay. Los liberales de la Argentina, del Brasil y del Uruguay, se unieron para protagonizar la encomiable tarea de destruir al Paraguay en la guerra llamada de la Triple Alianza (1865-1870). Fue contra otro país que, además de ser mucho más avanzado que cualquiera de los tres mencionados (ya en esa época tenía ferrocarriles, línea nacional de telégrafos y astilleros navales, entre otros indicadores de progreso), –curiosamente- tenía un esquema distributivo de los recursos económicos mucho más equitativo e igualitario, más democrático, así como un índice de alfabetismo muy superior a los "aliados", casi no tenía miserables, la propiedad de la tierra no era privada, sino del Estado, que la arrendaba a los campesinos. Y varios etcéteras más que mosquearon a nuestros héroes del progreso liberal y les indujeron a declararle la guerra, no vaya a ser que el ejemplo cunda. Y fue una acción de típico cuño liberal: exterminaron a toda la población masculina paraguaya, la orden de Mitre fue "matar a todo paraguayo que tenga más de 12 años" (hay documentación probatoria). Al día de hoy, Paraguay no se ha recuperado de esa hazaña liberal.
Además, curiosamente, nuestro mestizo intelectual latinoamericano condena a los piqueteros pobres, los "invisibles" que dejó el proceso de socialización de las pérdidas y privatización de los beneficios que aportaron sus colegas liberales, Videla, Menem... Evidentemente, a casi todos nos disgustó la conducta de D´Elía, pertinente en su indignación, pero prepotente, autoritaria e incivilizada en las formas.
Pero Vargas Llosa nada dice de los piqueteros que a él le gustan, los fashion, los de las 4x4. Como bien sabemos, éstos enfrentaron al gobierno y a la inmensa mayoría de los argentinos, en una desvergonzada gesta para intentar aumentar aún más los fabulosos beneficios obtenidos gracias a la política económica de los Kirchner, paradigmas de lo que Vargas Llosa denomina la barbarie y el populismo, y que condena con ahínco. Éstos piqueteros de luxe, impidieron el paso de los camiones con alimentos para la población, obligando a que se pudrieran verduras y carnes por doquier. Eso a Vargas Llosa no le parece violento, ni bárbaro, ni algo que merezca condenarse. Curioso.
¡Ay, Vargas Llosa!..., afortunadamente, tu rostro te delata. Llevas estampado en él ese estigma moral de la minoría blanca y privilegiada que tanto defiendes. ¿Será que cuando escribas tus memorias tendrás la valentía de confesar cuántas veces te has mirado al espejo y odiado a tu abuelo blanco, que quiso mezclar su sangre con la de esa indígena (¿será que no fue una esclava?), a quien le debes esa –bella, por cierto- cara de indio, que tanto te espeja en aquellos a los que visceralmente odias y te aleja de los blancos amos, a quienes tanto admiras y habrías querido parecerte?
¡Qué triste que, llevando en tu cara la viva estampa de los hijos de la tierra, siempre explotados y humillados por tus minoritarios y poderosos blancos liberales, -apenas por esas taras propias de una vida menor-, hayas puesto a su servicio tu talento literario y tu vida! Tan parecido como eres a Túpac Amaru y, sin embargo, tan afín a los deseos de Francisco Pizarro. Tampoco eres el primero en dar la espalda a los tuyos, te precedió la Malinche, que no trepidó en entregar cuerpo y alma a Hernán Cortés. Y con ello selló la suerte del hombre a quien antes amara y la de sus hermanos, cuya rebelión en ciernes fue ahogada en sangre por el conquistador.
Una pena, Vargas Llosa, víctima ciega del erotismo del Poder, cuyo magnetismo pretende y a veces –como en tu caso- consigue obnubilar hasta a quienes tendrían la obligación de combatirlo.

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